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El movimiento antifascista afronta el 20N fortalecido por su resistencia ante el auge de la ultraderecha con Vox

Colectivos de distintas partes del país afrontan el aniversario de la muerte del dictador en un momento de especial ebullición: la irrupción del partido de Santiago Abascal en el escenario político ha provocado una reorganización del antifascismo en el ámbito social.

Antifascistas
Imagen de una protesta antifascista realizada en abril pasado en el barrio madrileño de Vallecas ante un acto de Vox. Rodrigo Jiménez / EFE

Eduardo González tiene la sensación de ya haber visto esta película, o al menos una muy parecida. De hecho, cuando Vox irrumpió en las instituciones, este conocido militante del antifascismo vasco llevaba ya varios años alertando sobre el riesgo de una explosión ultraderechista en España. Eso mismo advertían otros militantes y otras organizaciones desde otros puntos del país. Hoy sienten, con pesar, que tenían razón. 

Este 20-N, día especialmente señalado en el calendario ultraderechista, servirá también para que el antifascismo vuelva a salir a la calle para advertir sobre el crecimiento del discurso del odio que promueve la extrema derecha. Sin embargo, la protesta ya no habla de una amenaza que no todos veían o querían ver: a día de hoy, Vox es la tercera fuerza política del país en número de votos, tiene influencia en el Gobierno andaluz y confía en convertirse en el socio que Pablo Casado necesitará tras las próximas elecciones generales. 

"Llevamos 17 años avisando que esto iba a más, pero da la impresión de que el mundo político aún no se ha dado por aludido. Si el sistema asimila esto, significa que está podrido", dice González a Público desde Euskadi, el territorio donde Santiago Abascal empezó haciendo política desde las filas del PP vasco mucho antes de convertirse en el líder de la ultraderecha española.

La irrupción de Vox en el mapa político generó la respuesta del antifascismo. Ese movimiento contrario a los valores xenófobos, homófobos y machistas pasó a convertirse en el foco central a cargo de las protestas contra los actos más provocadores del partido ultraderechista.

Las movilizaciones contra Vox han tenido otro protagonista principal: las Fuerzas de Seguridad del Estado. Varias protestas antifascistas llevadas a cabo en distintos puntos del país han acabado en cargas policiales, multas, detenciones... y hasta incautaciones policiales de banderas antifascistas.

El diputado de EH Bildu Jon Iñarritu llevó uno de estos casos al Congreso. El año pasado, el representante soberanista vasco pidió al Gobierno que le confirmase si, tal como habían contado los medios, un joven había sido identificado y su bandera antifascista retenida por la Policía Nacional en Zaragoza, coincidiendo con un acto de Vox celebrado el 23 de mayo de 2020.

En su respuesta, Interior confirmó que los hechos eran absolutamente verídicos. "Los agentes procedieron a identificar a la persona portadora de la bandera, resultando que la misma iba indocumentada, logrando confirmar su identidad tras diversas gestiones, realizando la propuesta de sanción y la intervención dela bandera", dice textualmente la respuesta remitida por el Gobierno a Iñarritu en julio de 2020. En ese mismo documento, Interior aseguraba que la Policía también había encontrado tirachinas, palos o droga.

Los movimientos antifascistas de distintos puntos del Estado han denunciado en reiteradas ocasiones la "criminalización" policial que sufren, al tiempo que aseguran que las protestas originadas en torno a los actos de la ultraderecha se saldan siempre con cargas policiales hacia el mismo lado.

El caso más rotundo se conoció en abril pasado en Vallecas, donde la Policía Nacional se desplegó con fuerza contra los manifestantes que protestaban contra la presencia de Vox. Sin embargo, varios videos que circularon por las redes sociales permitieron determinar cómo empezó todo.

"A a los pocos segundos de subir al escenario, Abascal llama a sus seguidores a encararse con los vecinos que protestan. Se saltan el cordón policial y se produce la primera carga. Contra los vecinos, por supuesto", describió en Twitter el investigador Miquel Ramos, uno de los mayores expertos sobre asuntos vinculados a la ultraderecha en este país.

En ese caldo de cultivo, ha crecido el antifascismo. El discurso de odio fomentado por Vox ha tenido como consecuencia el crecimiento de las organizaciones sociales que llaman a hacer frente a esa amenaza ultraderechista. "Ha habido crecimientos en algunos puntos del Estado. En Galicia, por ejemplo, no había nada y ahora existen cuatro o cinco colectivos", explica el portavoz de Sare Antifaxista.

La tumba del fascismo

El mapa de grupos contra el odio se mueve por todo el país. En ese contexto, la Coordinadora Antifascista de Madrid (CAM) es hoy uno de los focos centrales del movimiento en todo el Estado e incluso aparece como uno de los colectivos referenciales a nivel de Europa.

Este sábado, la CAM llama a movilizarse en Vallecas para reivindicar –coincidiendo con el 20N– que Madrid "será la tumba del fascismo". La manifestación, que saldrá a las 19.30 desde el Puente de Vallecas, forma parte de la agenda de actividades de las Jornadas Antifascistas 2021 organizadas por ese colectivo.

"Catalunya y Valencia también están muy fuertes. Tampoco debemos olvidarnos de la presencia en Salamanca, Albacete, Segovia... De hecho, este noviembre, que es el mes antifascista por excelencia, estamos viendo un nivel de actividad igual o superior al de otros años", relata a Público el portavoz de Sare Antifaxista

El espejo internacional

El crecimiento del antifascismo en España encuentra su reflejo en las realidades de otros escenarios del panorama internacional. En Europa, las reacciones sociales surgen contra los discursos xenófobos que promueven formaciones como el antiguo Frente Nacional (ahora Reagrupamiento Nacional) en Francia o Amanecer Dorado en Grecia.

En el este de Europa viven incluso una situación peor: en Hungría y Polonia, por ejemplo, la derecha ultraconservadora está a cargo de los respectivos Gobiernos. En EEUU, mientras tanto, arrastran aún el efecto que provocó la guerra declarada por el expresidente Donald Trump contra el antifascismo, una situación que provocó una ola internacional de repudio hacia el político estadounidense.

"Tenemos que meternos en la cabeza que no se lleva al fascismo a las instituciones democráticas para que puedan crecer, tal como pasó en la Alemania nazi", afirma González, quien hoy traza una comparación entre la aplicación de la Ley de Partidos para ilegalizar en su momento a la izquierda independentista vasca, algo que no ha ocurrido en los casos de formaciones de ultraderecha que fomentan el odio y la xenofobia. "Como llevan la bandera de España en la pulserita, parece que no tocan las estructuras del Estado", remarcó.

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