Este artículo se publicó hace 17 años.
Los primeros testigos del Yak-42 siguen el guión y exculpan a Trillo
Dos altos mandos contradicen informes llegados a Defensa sobre el mal estado de los aviones.
El que pensara que cuando el juez Fernando Grande-Marlaska comenzara a tomar declaración a los testigos que citó, cuando se vio obligado a reabrir el caso del Yak-42, iban a aclararse las causas del siniestro y a depurarse responsabilidades en Defensa, ayer pudo comprobar que se había equivocado.
Ninguno de los altos mandos militares que comparecieron en la Audiencia Nacional se salió del guión marcado por el Ministerio de Defensa cuando estaba al frente de él Federico Trillo. De hecho, según fuentes jurídicas, aseguraron que las quejas presentadas por militares sobre las condiciones en las que viajaban a Afganistán nunca llegaron a la mesa del entonces ministro de Defensa.
Sin embargo, su sucesor, José Bono, aseguró en el Congreso que en febrero de 2003 el Ejército del Aire envió una nota informativa al Estado Mayor, que llegó al Ministerio, en la que denunciaba "serios problemas para transportar pasajeros" en aviones ex soviéticos.
También en la Cámara Baja dijo que "hubo advertencias sobre la inseguridad que primero se ignoraron y después se ocultaron". En esa ocasión, citó un informe del Ejército de Tierra de un mes antes del accidente que alertaba de los "altos riesgos que se estaban cometiendo al utilizar aviones de carga de la antigua URSS para el transporte militar español". Señaló que por una queja similar de un capitán, Noruega canceló su contrato con la agencia NAMSA, de la OTAN.
No sabía nada
Sin embargo, el general Luis Alejandre, jefe del Estado Mayor de Defensa (JEMAD) en mayo de 2003, cuando murieron los 62 militares que volvían a España en el Yak-42, declaró ante el juez que la contratación del avión correspondía al Estado Mayor Conjunto (EMACON), por lo que ignoraba si hubo irregularidades, así como los detalles de las subcontrataciones que se produjeron.
En cuanto a las quejas, Alejandre, que fue relevado por José Bono, tras la investigación interna que realizó el Ministerio, admitió que supo de la existencia de cuatro, pero ninguna se debía a motivos de seguridad, sino a "incomodidades", como retrasos o problemas surgidos con el catering.
El entonces responsable del EMACON, el teniente general Juan Luis Ibarreta, insistió en la misma línea, pero precisó que el Estado Mayor recibió un total de 14 quejas anteriores al siniestro del Yak-42, aunque sólo conocieron cuatro antes del 26 de mayo de 2003.
Cinturones y mascarillas
A pesar de lo manifestado por los testigos, fuentes jurídicas indicaron que las "incomodidades" denunciadas se referían a los problemas detectados en los cinturones de seguridad, que las mascarillas de oxígeno estaban usadas, que la carga no iba bien separada de los pasajeros y que la tripulación no sabía inglés. Estas fuentes insistieron en que los testimonios demuestran la falta de organización existente en el Ministerio de Defensa y la falta de comunicación entre los diferentes departamentos. Otras fuentes, también presentes en la declaración, restaron importancia a los retrasos denunciados y al cambio en el número de pasajeros que iba en los aviones, y los atribuyeron a la situación de guerra que se vive en Afganistán.
El teniente general Manuel Estellés, jefe entonces del Mando Aéreo de Levante, declaró también ayer ante el juez que el Estado Mayor tuvo conocimiento de la falta de seguridad e incomodidad de los vuelos procedentes de Afganistán y "tomó medidas correctoras".
Uno de los mejores aviones
Por su parte, el teniente general Ibarreta añadió que el Yakovlev 42 era uno de los mejores aviones disponibles para el traslado de tropas. Explicó que firmó el contrato con NAMSA, porque la flota española no tenía suficiente capacidad para realizar este tipo de transportes. Como ejemplo dijo que el Yakovlev tarda siete horas en llegar a Kabul y el Hércules, 17. El primero tiene capacidad para 200 personas y el español, sólo para 46.
El otro testigo fue el teniente coronel Javier Marino, oficial del Centro de Inteligencia y Seguridad del Ejército de Tierra (CISET). Aseguró que elaboró un informe sobre un par de vuelos que realizó en marzo de 2003. Eran las naves de carga Ilyushin 76. Tras la experiencia, recomendó que no se utilizaran aviones de carga para pasajeros y denunció que las ruedas del tren de aterrizaje estaban desgastadas y la carga mal anclada.
Los demás testigos declararán entre hoy y el lunes.
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