Opinión
Resistir es vencer: otra lección del pueblo saharaui

Por Sato Díaz
Coordinador de Política.
-Actualizado a
Cuando Vetusta Morla arrancó el estribillo ("lalalalalala...") de Saharabbey Road en el campamento de población refugiada saharaui de Dajla, el público rompió a bailar como acto de resistencia. Era octubre de 2016. Algunos integrantes de la banda habían participado años atrás en un programa de enseñanza musical a niñas y niños saharauis y tomaron prestado el estribillo de una canción popular del desierto. Un año antes, Pepe Viyuela desafiaba la gravedad y se enredaba en una escalera, como suele hacer en sus shows, con la salvedad de que, en esta ocasión, tras él se encontraba el muro que divide el Sáhara Occidental en dos, los territorios liberados y los ocupados por Marruecos, donde hacen guardia miles de soldados marroquíes y se esconden millones de minas antipersonas. Nora Cortiñas, la cofundadora de las Madres de la Plaza de Mayo argentinas, bajaba con cuidado una duna de arena para no tropezarse antes de pronunciar: "Este festival es un milagro".
El Festival Internacional de Cine del Sáhara (FiSahara) puede parecer un milagro, pero no lo es. El esfuerzo titánico de un equipo mixto de españolas y saharauis lo levanta a pulso desde hace años y consigue que el cine pueda llegar como arma de resistencia y liberación a una de las zonas más inhóspitas del planeta, la Hammada argelina. No es un milagro, como tampoco lo es que, donde solo había arena, el Frente Polisario construyera hace 50 años un Estado en el exilio: hospitales, escuelas, dispensarios farmacéuticos... Las mujeres, durante la guerra que el Frente Polisario libró contra Marruecos desde 1976 a 1991, se convirtieron en el alma de una sociedad que tuvo que huir de su país bajo las bombas y que levantó de la tierra un mar de haimas.
Hoy se celebra en Madrid otra edición de FiSahara, la número 22 (18 se han celebrado en los campamentos y cuatro en Madrid). Se cumplen estos días 50 años de la Marcha Verde (Marcha Negra para el pueblo saharaui) y de los Acuerdos Tripartitos de Madrid entre España, Marruecos y Mauritania por los cuales el Estado español intentó desvincularse del Sáhara y ceder la soberanía a los otros dos estados. Basta decir que esos acuerdos no cedieron soberanía ni fueron conformes a la legalidad. La Corte de La Haya ya se había pronunciado: el Sáhara era un territorio pendiente de descolonizar y el pueblo saharaui debía decidir su futuro político mediante un referéndum de autodeterminación. Medio siglo después, Donald Trump ha intentado poner fin al conflicto plegándose a la tesis de Marruecos e imponiendo una resolución al Consejo de Seguridad de la ONU que pretendía reconocer la anexión del territorio saharaui. Pero, ¿lo ha conseguido? Veamos.
La resolución 2792 de 2025, redactada por el Consejo de Seguridad de la ONU el pasado 31 de octubre muestra "el pleno apoyo al secretario general y a su enviado personal para facilitar y conducir negociaciones tomando como base la propuesta de autonomía de Marruecos, con miras a lograr una solución justa, duradera y mutuamente aceptable de la disputa, conforme a la Carta de la ONU". Además, el Consejo instó a las partes en disputa a participar en negociaciones "sin condiciones previas, tomando como base la propuesta de autonomía de Marruecos, con el objetivo de alcanzar una solución política final y mutuamente aceptable que contemple la autodeterminación del pueblo del Sáhara Occidental".
La primera consideración a tomar sobre el texto es que es ambiguo y contradictorio ("sin condiciones previas" pero "tomando como base la propuesta de autonomía"). La segunda, que por primera vez incluye la propuesta de autonomía marroquí (anexión del territorio del Sáhara Occidental por parte de Marruecos) como punto de inicio de futuras negociaciones entre las partes en conflicto. Y esto es un paso atrás para las aspiraciones saharauis a un Estado independiente. Sin duda, el Frente Polisario tendrá que reflexionar y encarar el futuro con otras coordenadas y estrategias diplomáticas en un mundo en el que cada vez la fortaleza de las potencias se impone más sobre los textos legales. El trabajo diplomático marroquí, por el lado contrario, para que su plan de autonomía se haya normalizado entre las potencias occidentales ha sido ingente en los últimos años: en 2020 lo defendió Trump a golpe de tuit poco antes de dejar la Casa Blanca en su primer mandato; en 2023 hizo lo propio Pedro Sánchez; Francia, Reino Unido...
Sin embargo, la resolución también destaca que la solución al conflicto debe ser "mutuamente aceptable", es decir, aprobada tanto por la parte marroquí como por la saharaui, el Frente Polisario. Además, el texto que el Consejo de Seguridad sacó adelante exige también que la solución "contemple la autodeterminación del pueblo del Sáhara Occidental". Para que el pueblo saharaui pueda desarrollar su derecho a la autodeterminación tiene que poder escoger su futuro político y no asumir la imposición de la autonomía de Marruecos. Queda claro que la autonomía, según el Consejo de Seguridad, tiene que ser una de las posibilidades, pero, ¿cuáles son las otras opciones? El Frente Polisario plantea la independencia.
Esta resolución es un paso atrás, sin duda, para las aspiraciones independentistas de los saharauis, pues la autonomía marroquí se va imponiendo en el imaginario colectivo como la solución más factible. Sin embargo, si analizamos el texto derivado del Consejo de Seguridad, entendemos que la cuestión sigue encallada. Además, si tenemos en cuenta que los Estados Unidos de Trump intentaron imponer la autonomía en el Consejo de Seguridad y que Francia estuvo presionando a los miembros del Consejo para que lo aceptaran, esta redacción tan contradictoria demuestra que no lograron sus objetivos. China y Rusia se abstuvieron y Argelia se ausentó de la votación para mostrar su rechazo a la resolución.
¿Y ahora qué? Se abre una nueva etapa en un momento en el que la situación geopolítica se tambalea y en el que la guerra toma cada vez más protagonismo como forma de afrontar los conflictos internacionales. La ofensiva contra las aspiraciones del Frente Polisario es cada vez más potente y los apoyos al pueblo saharaui cada vez más limitados. Sin embargo, hasta en la resolución más amarga que se recuerda en Rabuni (capital administrativa de la República Árabe Saharaui Democrática en el exilio, en la región argelina de Tinduf) se sigue reconociendo el derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui.
Mientras, los pueblos siguen desarrollando iniciativas solidarias con los saharauis. El viernes y el sábado de la próxima semana se celebrarán unas jornadas informativas en Madrid, ya que el día 14 (viernes) se cumplirá medio siglo de la firma de los Acuerdos Tripartitos. Y el sábado 15, una manifestación recorrerá las calles del centro de la capital desde Atocha hasta Sol.
A Tonino Carotone le robaron la chaqueta poco antes de salir a cantar en el concierto de cierre del FiSahara 2013. Antonio de la Torre aprovechaba las mañanas para correr por el desierto y mantenerse en forma, era el año 2010. María Rozalén actuó bajo un manto de estrellas en el 2019. La actriz Clara Lago visitó los campamentos saharauis en 2016 y se coordinó con Pallasos en Rebeldia para mostrar un show de acrobacias en la gala final del festival y hacer soñar a las niñas y niños. Javier Bardem participó en el evento en 2008, siguiendo la estela de su madre, Pilar Bardem, que siempre colaboró con el Frente Polisario. En 2013 el actor español más internacional ganaba un Goya, pero como productor. Fue por su documental Hijos de las nubes, el cual produjo. En 2013 se estrenó la película Patria Dividida, dirigida por Brahim Chagaf. Fue el primer largometraje saharaui. Tras él, cada año se proyectan nuevas películas saharauis de los cineastas salidos de la Escuela de Cine Abidin Kaid Saleh. Cine para narrar la historia de un pueblo, resistencia frente al olvido. Una historia, la saharaui, que con todas las dificultades sigue adelante. Resistir es vencer es el título del FiSahara de este año.

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