Opinión
Las pibitas no existen


Por Israel Merino
Reportero y columnista en Cultura, Política, Nacional y Opinión.
Se han viralizado en redes unos vídeos de Ahston Hall, uno de esos coachs yankis que te cobran 10.000 dólares por aconsejarte no hacerte pajas el Miércoles de Ceniza, donde se le ve levantarse a las tres y pico de la madrugada para meter su cabecita en un recipiente de agua con hielos, restregarse una piel de plátano por el hipertrofiado cuerpo y salir a correr tras un Mercedes G Wagon – qué coches tan feos se compra esta gente, Dios siempre da pan a quien no tiene dientes –. Resulta comiquísimo ver las reacciones a los vídeos porque entre los miles y miles de pimpollos empadronados en casa de sus padres que ponen su rutina como ejemplo de vida – ojo al complejo mesiánico del incel ibérico – hay también bastantes comentarios, le hemos ganado la batalla a este vendehúmos con la tiroides más inflada que el prepucio de un besugo, que se ríen de esa absurda obsesión por la hiperproductividad. Sin embargo, se ha comentado muy poco que en todos sus vídeos – pero literalmente en todos – aparece una mujer joven, desconozco si su novia o asistenta, que le tiene siempre preparada la piletita con hielos para cuando se levanta: cuando el nene abre los ojos, y hablamos de una hora intempestiva, hay en la casa una mujer que se ha levantado aún más pronto para prepararle las mierdas al señorito independiente y sobrehumano, al monstruo fecundado por el esmegma aterrador de los subnormales que le financian con sus suscripciones el G Wagon feísimo. Pero la mujer es secundaria, está ahí como mero adorno.
Pensé en esta movida cuando leí ayer mismo, lunes si es que clicáis esta columna cuando toca, un reportaje de El País donde se alertaba de la derechización de la juventud: tras encuestar a varios profesores de la pública de diferentes comunidades autónomas, se planteaba que las nuevas generaciones se estaban escorando cada vez más hacia la ultraderecha por culpa del uso desmesurado de las redes sociales – otro día comentamos esta obsesión por echar balones fuera, que hoy no toca –. El caso es que el reportaje concluye que la radicalización viene exclusivamente de los chavales, en masculino, pues las chavalas, en femenino – me siento tonto explicando esto –, no están cayendo en semejante trampa de agitación nostálgica. Pero ya es tarde para aclararlo, pues el incel ibérico que arriba menciono salió a darlo todo en sus redes sociales y foros.
Personajillos tristes como Víctor Lenore, mamacallos profesional y fárrago de ideas hípsters que quiso ser el J. D. Vance español, pero se convirtió en el Dalas Review del Mad Cool, comenzaron a tuitear extasiados que la “mercancía averiada” del progresismo ya no convencía a nadie y que, bueno, poco menos que los centenials llegaríamos blandiendo la bandera de la primavera friki esa que larpean ahora que han fracasado en todo. Porque, claro, qué más da que el 75% de las jóvenes españolas, según la encuesta adjunta a ese reportaje que tan cachondos les pone, digan no solo que les parecen geniales las conquistas logradas por el feminismo, sino que les saben a poco. Al final solo son chavalas, pibitas, y no importan; aquí estamos hablamos de los pibes, los hombres. Ellas solo son más del 50% de la población mundial, macho, tampoco es para tanto. Además, es por todos sabido que las mujeres desaparecen de tu hiperbórea mental cuando te divorcias por quinta vez. Y solo si es cierto que existen, que no lo tengo yo muy claro.
Comentarios de nuestros suscriptores/as
¿Quieres comentar?Para ver los comentarios de nuestros suscriptores y suscriptoras, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.