Opinión
Lo de que los jóvenes son de derechas


Por Guillermo Zapata
Escritor y guionista
Hay un tuit que me gusta mucho y que dice así: “Facebook le ha hecho a nuestros padres lo que siempre dijeron que los videojuegos nos harían a nosotros”. Efectivamente, mientras generaciones enteras se preocupan por la progresiva e inevitable degeneración de “los jóvenes”, están viviendo en cámaras de eco llenas de bulos que se tragan sin rechistar. Socializamos en territorios para los que nadie nos formó y aceptamos lo que vemos porque confirma nuestros sesgos. Otro mensaje que me gusta, esta vez en forma de meme. Un señor diciéndole a su hija “pero cómo va a ser mentira, si confirma lo que yo pienso”.
A partir de estas dos ideas, creo que es razonable pensar que si existe una derechización de los jóvenes debe necesitar de ingredientes similares a la de los adultos. Es decir, la exposición permanente a una serie de relatos que configuren un mundo determinado que tienda a ser uniforme por un lado y lleno de amenazas por el otro, pero también que confirme sesgos ya existentes. Si tal cosa fuera cierta, es decir, si los jóvenes confirmaran sesgos previos, es posible que vinieran de derechas de casa o del cole, antes de que los radicalizara internet. Y si tal cosa es así, es posible que entonces… Bueno, la categoría “jóvenes” sea un poco problemática.
¿Qué jóvenes? ¿De qué clase social? ¿Que viven dónde? ¿De qué género? ¿Con qué orientación sexual?, ¿Que estudian dónde? ¿Con qué entorno familiar?
Mirando las estadísticas creo que es más justo decir que los varones jóvenes de derechas se están radicalizando. De la misma forma podríamos decir que las mujeres jóvenes cada vez son más de izquierdas. Si esta distinción no se hace es por dos motivos: edadismo y machismo.
Edadismo, porque sólo a los jóvenes se les presupone una posición unificada en tanto que jóvenes, como un bloque indivisible y se les analiza de esa manera. Es especialmente grave cómo el “miedo a los jóvenes” y el “miedo a las aficiones de los jóvenes” ha permeado en el espacio progresista. La forma en la que se habla de la derechización de los jóvenes no deja de ser la actualización del viejo miedo a internet y a la pérdida de control de una generación sobre las siguiente, además del gusto por la sociología de suplemento cultural de tendencias. El “joven de derechas” ocupa hoy en las posiciones culturales progresistas el lugar que ocupaba “la ruta del bakalao” en los novena.
Machismo, porque el universal para “jóvenes” son los hombres jóvenes y no las mujeres. En la medida en que las mujeres no entran en el universal, su acercamiento a posiciones cada vez más progresistas, la fuerza del feminismo, etc. Nunca se cuenta que los jóvenes son cada vez más progresistas o abrazan ideas de igualdad. Lo mismo pasa con las y los jóvenes LGTBIQ+, que también está cada vez más cerca de posiciones de izquierdas. Cuando se habla de “los jóvenes” siempre se entiende que estas posiciones forman parte de una parcialidad.
Por tanto, si quisiéramos describir la situación con algo más de rigor podríamos hablar de unos varones jóvenes de derechas más derechizados y una polarización mayor en las posiciones de la gente joven entre quien ha ocupado tradicionalmente la posición del universal y quienes han estado excluidos y excluidas de esa universalidad. Podríamos hablar entonces de dónde se ha producido esa derechización y encontraríamos dos vectores clave, los mismos que en sus mayores: internet y sus familias. Y a la vez, veríamos la pérdida de importancia de otros vectores de socialización, cómo por ejemplo la escuela.
Una de las características de la escuela es que es un entorno dónde esos jóvenes se representan juntos, mezclados y en toda su complejidad. La escuela es una herramienta para, entre otras cosas, fijar consensos sociales. Si el valor de la escuela socialmente es menor, eso dificulta también que fije esos consensos y entonces se fijan fuera. Internet se parece más a una escuela que segrega por géneros que a una plaza pública. Internet tiende a las comunidades homogéneas dónde el mundo analógico tiende a la inter-relación, la inter-dependencia y al conflicto directo por el poder (de representación, de dominio del tiempo y el espacio, etc.)
Pero aún con ese planteamiento, más ajustado a la realidad, no estaríamos dejando fuera a la mayoría de las y los jóvenes…
Porque las mismas encuestas que nos señalan el peligro de la derechización indican que la mayor parte no tiene ni siente filiación ideológica clara por ningún partido o que no se orientan a partir de las distinciones de derecha o izquierda.
Por eso, es posible que el “problema de los jóvenes” sea una y otra vez “el problema de los adultos para con los jóvenes” y, quizás, la solución está en empezar a escucharles y dejar de contarles.
Escucharles en toda su complejidad, entender cómo nombran el mundo y sus problemas o deseos, entenderles como parte de lo nuestro y no cómo algo problemático que está detrás y que a saber qué hará cuando llegue a donde estamos nosotros.
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