Milei: un año de "motosierra", gobierno por decreto y empobrecimiento social
La bajada del consumo de productos como la carne o la yerba mate es uno de los indicadores del impacto de los recortes.

Buenos Aires--Actualizado a
Javier Milei cumple un año como presidente de la República Argentina. Doce meses desde aquel 10 de diciembre caluroso, como ahora, cuando escenificó su primera ruptura con el orden establecido, dando el discurso de investidura frente a la Plaza del Congreso en lugar de hacerlo dentro del recinto, como es costumbre. Ese primer acto ya ilustró lo que sería una de sus marcas de Gobierno: romper, tanto modos como discursos, o el gasto público destinado a jubilados o subsidios.
Su recorrido por venir parecía frágil en ese inicio, con debates en la oposición acerca de si duraría en su puesto, de si sería capaz de hacer lo que prometía: una política de recorte al gasto público, motosierra en mano, como popularizó durante su campaña. La inflación era entonces de un alarmante 25,5%. Disminuyó al 20,6% en enero y continuó un progresivo descenso hasta el 2,3% en octubre, logrando estabilizar, por ahora, la gran demanda o angustia de la sociedad argentina que fue clave a la hora del voto presidencial.
La bajada de la inflación es una de las explicaciones a los números de popularidad que mantiene Milei, con un 54% de aprobación, según la Universidad de San Andrés, o un 53%, según Argentina Opina. Porcentajes altos, aunque frágiles y con el margen de error a veces elevado de las encuestadoras, para un presidente que "aplicó un muy fuerte ajuste ortodoxo para ordenar algunas variables macroeconómicas con un costo social elevado [...] con la desregulación de gasolinas, medicina prepago, alimentos, medicamentos", como explica el informe del Centro de Economía Política Argentina (Cepa).
Milei logró también estabilizar el peso respecto al dólar, con un aumento programado de 2% mensual de la moneda estadounidense, enfriando la dinámica al alza y estabilizando expectativas de mercado. Un dólar estable en un país marcado desde el fin de los años 70 -es decir, desde el inicio del neoliberalismo- por la neurosis del dólar y su subibaja en las casas de cambio, es otra de las razones de la aprobación del inquilino de la Casa Rosada.
El presidente tiene entonces razones para celebrar este primer balance. Atravesó lo que aparece como la parte más dura del ajuste, vetó proyectos de leyes como el aumento a los jubilados en nombre del intocable equilibrio fiscal, logró aprobar un paquetazo neoliberal, y emitió Decretos de Necesidad y Urgencia que no lograron ser rechazados en un Congreso fragmentado, con algunas simulaciones de oposición. Un hiperpresidencialismo confrontativo que le dio resultado en un país donde paradójicamente la mitad de la población se encuentra debajo de la línea de pobreza.
Un mapa de perdedores
"Te digo la verdad, yo estoy laburando la mitad que laburaba antes, trabajo más o menos entre 120 y 150 kilos menos por semana de carne, pollo, milanesas, no alcanza la guita", dice Luis, al frente de su carnicería del barrio de Almagro, en la ciudad de Buenos Aires. El medidor de consumo de carne y el correspondiente asado es esencial en Argentina por su importancia cultural: "Ahora la gente ya viene y compra para el día a día, antes te compraban para la semana, eso se perdió".
Según el informe de Cepa, es uno de los sectores más golpeados: "El consumo interno de carne vacuna por habitante hasta octubre de 2024 se encuentra un 11,2% por debajo del mismo periodo de 2023, siendo el peor nivel en 28 años". Otro rubro afectado ha sido el de la yerba mate, componente diario de la dieta en Argentina: "La yerba mate, en el acumulado en los primeros 10 meses del año, se encuentra el 9,2% por debajo del mismo periodo de 2023 y en el peor nivel desde 2017".
El descenso en el consumo de carne se explica por la caída del adquisitivo y la necesidad, por ejemplo, de destinar cada vez más dinero a servicios cuyas tarifas aumentaron durante el año: "Vivo de esta carnicería y este último tiempo estoy laburando para todo lo que significan los aumentos de pagos en alquiler, luz, gas, agua, por suerte por ahora lo puedo pagar", explica Luis, que evalúa no tomar descanso este verano como lo hace cada año.
La bajada del consumo es uno de los indicadores del impacto del ajuste, acrecentado por el dólar estable, que encareció internamente al país. Algunos sectores lograron enfrentar en mejores condiciones esa situación, como los asalariados del sector privado; otros menos, como los trabajadores públicos o cuentapropistas. En cuanto a los jubilados, pasaron, como en los años neoliberales de los 90, a representar uno de los universos más afectados, y la imagen de protestas por aumentos jubilatorios frente al Congreso se volvió nuevamente una escena habitual, represión mediante.
El ajuste golpeó también al empleo: más de 261.000 puestos de trabajo perdidos, según los datos de la Superintendencia de Riesgos de Trabajo. Los más golpeados fueron en el campo de la construcción, la industria y el comercio, mientras que quienes ganaron en este año fueron agricultura, ganadería, minería y pesca. Un país de exportación de materias primas en manos privadas centralmente extranjeras, con mayor pobreza, un Estado reducido, menos fábricas y menos apoyo a la ciencia y tecnología: el modelo Milei.
El peronismo en su laberinto
"La derrota ante un candidato con la características de Milei ha sido obviamente muy dura, traumática, para el peronismo, máxime si se tiene en cuenta que el ultra logró hacer pie en las clases media baja y baja, su principal electorado histórico", explica Sebastián Lacunza, columnista político y corresponsal.
Ese peso de la derrota, que pocos anticiparon, así como "la experiencia del Gobierno de los Fernández, Alberto y Cristina" que "dejó secuelas en todos los estamentos peronistas y de izquierda", está en las explicaciones de las dificultades que tuvo el peronismo para enfrentar a Milei durante este año. La experiencia valorada negativamente por muchos del anterior Ejecutivo es parte a su vez de la aprobación de Milei, quien gobierna en contraste con el recuerdo social de los cuatro años anteriores.
El peronismo se vio también marcado este año por la visible tensión entre el sector liderado por Cristina Fernández y el reelecto gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, una interna política que "no será fácil de desanudar", explica Lacunza. A esa tensión interna se agrega la de otra corriente del peronismo que optó por adoptar un lenguaje conservador antiprogresista, enemistado tanto con Fernández como con Kicillof.
La dificultad del peronismo para reorganizarse alrededor de un proyecto y liderazgo comunes, así como la existencia de voluntades comprables en el Congreso, le permitió a Milei terminar un año ante una oposición menos fuerte de lo que se anticipaba, aunque con una importante movilización social. Algunas de las protestas lograron ser multitudinarias, como dos huelgas generales o las movilizaciones contra los recortes a la educación pública.
Milei, ahora con la experiencia de su primer año de Gobierno, mira hacia 2025, año de elecciones de medio término que redefinirán el mapa del Congreso y podrían darle más oxígeno legislativo y, por ende, permitirle prescindir más de sus aliados. Entre tanto, exhibe fotografías que le son caras en su cruzada de ideas, como la del apoyo hace unos días de la internacional reaccionaria reunida en Buenos Aires.
El presidente argentino, a quien muchos subestimaron antes de que fuera presidente y durante sus primeros meses, plantea una pregunta final: ¿Se trata de un fenómeno accidental y, en consecuencia, pasajero? O, sin embargo, ¿llegó para encabezar un cambio profundo en un sistema político que lucía agotado?
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