Entrevista a Benito Bermejo, el historiador que destapó a Enric Marco"Utilizaba lo que veía en las películas para construir su relato"
"Que sí, cojones. No sé cómo decíroslo... Todo esto es un acoso y derribo", responde Eduard Fernández, en la piel de Enric Marco Batlle (1921–2022), durante una escena de 
Madrid--Actualizado a
"Que sí, cojones. No sé cómo decíroslo... Todo esto es un acoso y derribo", responde Eduard Fernández, en la piel de Enric Marco Batlle (1921–2022), durante una escena de Marco (Jon Garaño y Aitor Arregi, 2024). Es un momento tenso. Él contaba que había estado en el penal de Kiel, y que los nazis lo habían llevado después al campo de Flossenbürg, en Alemania. La historia tenía lagunas. El régimen franquista nunca llegó a reclamar a los deportados españoles; los pocos que sobrevivieron al Holocausto. Lo más habitual, de hecho, era que empezaran una nueva vida en el exilio. Benito Bermejo buceó en esas lagunas; investigó lo suficiente como para dudar. La biografía de Enric Marco estaba llena de mentiras; "muchas, sacadas directamente de películas".
Benito Bermejo es historiador y tiene múltiples estudios sobre los deportados españoles en los campos nazis. El también profesor encontró ciertas imprecisiones en el relato de Enric Marco. Había cosas que no cuadraban, empezando porque el deportado nunca había existido: se hizo pasar por uno de los supervivientes de Flossenburg. La cosa no acaba aquí. Estiró tanto el chicle que llegó a ser presidente de la Asociación Amical de Mauthausen, participó en homenajes públicos y dio charlas sobre su sufrimiento –ficcionado– como prisionero en colegios e institutos. "A los chicos les gusta mucho cómo hablo", llega a decir en un momento del film. El historiador que le quitó la máscara recuerda con Público cómo destapó su historia y charla sobre el pasado, el presente y el futuro de la Memoria en España.
Mucha gente ha conocido la historia de Enric Marco al verla en la gran pantalla. ¿Cuándo la conoció usted?
A Enric Marco le conozco en Barcelona, durante los actos por el décimo aniversario de la muerte de la escritora Montserrat Roig. Yo había ido expresamente para el evento. Cuando terminó, vi a un señor que estaba recogiendo libros en una mesa. Lo vi joven y le pregunté si era hijo de un deportado. Fue él quien me dijo que había estado en Flossenburg, pero tampoco me dio pie a preguntarle mucho más. Pasó el tiempo y un profesor me dijo su nombre; justo coincidió con su etapa como presidente de la Amical. Ahí empecé a atar cabos.
Luego hicieron una comida de antiguos deportados en Mauthausen; estaban ellos y sus familiares... Coincidí con la secretaria de la Amical, Rosa Toran, y con el propio Enric Marco. Esa fue la segunda vez que lo vi, comimos en la misma mesa, pensé que sería una ocasión extraordinaria para charlar un poco. Le comenté, de hecho, que tenía mucho interés en conocer su historia, porque no tenía contacto con ningún otro español que hubiera estado en Flossenburg. Me respondió de manera violenta y me dijo que no, que me buscara otro tema sobre el que investigar. Además, me enseñó una foto suya con la espalda llena de moratones al salir de una comisaría, durante la Transición. Era todo muy incoherente, un relato muy fragmentado, y pensé que algo podía fallar.
La mentira duró muchos años, hasta 2005. ¿Qué ganaba él con todo esto?
En un primer momento, ganó notoriedad, cierto pedigrí. Era un personaje del que no se conocía casi nada; lo de haber pasado por un campo de concentración le daba un mínimo de respetabilidad. Le sirvió para presentarse como un viejo militante con mucho peso; sinceramente, no veo otro motivo. Y no podemos pasar por alto un detalle importante: la fecha en la que se arrimó a la Amical, que coincide con el cambio de siglo. Enric Marco esperó a que se dieran las circunstancias propicias, quiero decir, en aquel momento quedaban muy pocos supervivientes del Holocausto y los que quedaban, estaban cascados. Este tema lo he ido comentando con mucha gente y la conclusión es que era un tipo con ganas de foco.
Los otros deportados con los que hablaba no conocían a Enric Marco, ¿qué le decían cuándo preguntaba por él?
Los deportados me decían que no lo conocían; y los que sí, estaban bastante mosqueados. Yo los puse sobre aviso, claro [bromea]. Un amigo que había coincidido con él me reconoció que se escurría como el aceite; no había manera de saber nada de su pasado. Este no es el único ejemplo. Florian, militante de la CNT de Toulouse, me contó que desde los años 70 tuvo sospechas. Enric Marco había sido secretario general de la CNT entre 1978 y 1979. A sus compañeros les parecía un personaje extraño; llegaron a pensar que podía ser un infiltrado.
¿Cuándo decide desenmascararlo?
El hecho de que se cerrase en banda a una entrevista me resultó bastante extraño. Y luego, se juntaron dos cosas, justo en 2005. La primera, que encontré pruebas de que Enric Marco había estado en Alemania, pero como voluntario; había ido a trabajar dentro de un acuerdo para buscar mano de obra que habían firmado Franco y Hitler. La segunda, José Luis Rodríguez Zapatero visitaba por primera vez Mauthausen. Nunca antes un presidente del Gobierno de España se había posicionado de manera tan clara con las víctimas del fascismo. Estaba previsto que un español tomase la palabra en el acto. Yo sabía quién iba a ser ese español, estaba claro: Enric Marco. Había que detener el engaño, las consecuencias hubieran sido sangrantes, así que hice llegar la información que tenía a la Presidencia del Gobierno.
Y al final Zapatero estuvo allí, en Mauthausen. ¿Qué pesan más: las mentiras o las contribuciones de este impostor, si es que las hubo?
Enric Marco presumía de haber puesto voz a los que no tenían voz, pero me consta que hizo callar a mucha gente, deportados que habían vivido en carne propia el horror de los campos de concentración. Las contribuciones fueron muy dudosas, ¿no? Es que consistían en presentarse como lo que no había sido, en suplantar a los que sí habían estado allí [en Flossenburg y Mauthausen]... Enric Marco se inventó un testimonio tomando como base fuentes falsas, utilizaba lo que veía en las películas para construir su relato. Lo peor es que soltaba todo esto y colaba, menudo caradura [bromea].
¿Hubo más como Enric Marco?
Antonio Pastor Martínez. Era menos activo, porque no tenía intenciones de representar a nadie, pero también decía haber estado en los campos de concentración nazis. Este personaje cogía lo que había visto en el cine de una manera... decía que había sido músico y que había tocado el saxofón en varios campos de exterminio. La historia era infumable, demasiado pintoresca, y mucha gente la ha confundido ahora [a raíz de la película] con la de Enric Marco. Antonio Pastor murió justo cuando publicamos su caso en una revista académica y nunca llegó a saber que lo habíamos descubierto.
Estas historias recuerdan un poco al problema de los policías infiltrados... ¿Hasta qué punto llega la contaminación de los movimientos sociales?
No soy conocedor del mundo de las cloacas, pero vete tú a saber... Es complejo, mira, seguramente ni siquiera sepamos aún toda la verdad sobre Enric Marco, así que imagínate...
El PP y Vox han declarado la guerra, "guerra cultural", dicen ellos, a la Memoria. ¿Qué dirían de Enric Marco si les hubiera tocado convivir con su escándalo?
Pues no sé qué decirte, supongo que cualquier detalle de este tipo hubiera sido carnaza para los planteamientos de la derecha y la extrema derecha. El caso de Enric Marco, no obstante, tampoco resultó tan catastrófico; al menos, si lo miramos con perspectiva. Es una historia que no supuso el descrédito para cualquier iniciativa relacionada con la recuperación de la Memoria, no se ha convertido en un arma arrojadiza. La gente ha entendido de qué va la cosa y si caló esta historia, es porque los deportados no existían, no habían sido reconocidos de ninguna manera.
En Mauthausen hubo 8.700 españoles presos, ¿cuántos pudieron volver a casa y por qué se habló tan poco de ellos?
Pocos, 200 o algo más. Es importante recordar que la dictadura franquista nunca los reclamó; los que volvieron son una minoría y no son personajes destacados para nada, no han tenido su reconocimiento.
Es usted profesor de secundaria, en una época en la que los jóvenes están cada vez más posicionados y menos informados. ¿Cómo se aborda la dictadura en las escuelas?
Uno de mis profesores me dijo una vez que cuando él estudiaba, la historia terminaba con el imperio español; no había nada después de la Guerra Civil. El escenario ha cambiado, pero tampoco mucho. Estos asuntos ocupan una pequeña parte del temario y suelen caer en los últimos temas; algunas veces ni llegamos, y otras, no es la época más propicia para abordarlos. La dictadura no es una cosa demasiado presente en los libros de secundaria.
¿Es difícil hablar de Memoria en las aulas?
No creo que sea difícil, pero tenemos poco tiempo para hablar de Memoria Histórica y todo depende en cualquier caso de la buena voluntad de los profesores.
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