Aitor Esteban, el vasco que no quiso ser vaquero
El hasta ahora portavoz del PNV en el Congreso de los Diputados deja su escaño y pone rumbo a Euskadi, donde asumirá la presidencia del partido.
Sus colegas de hemiciclo dicen de él que siempre supo "contar las cosas bien" y que en las mesas de negociación "no se levantaba de la silla" hasta lograr acuerdos.
Madrid-
Aitor Esteban se marcha y detrás deja 21 años de actividad parlamentaria. Muchos de ellos, desde diciembre de 2012 hasta su último día como diputado este pasado miércoles, ha actuado como portavoz del Partido Nacionalista Vasco (PNV) y ha sido decisivo en el devenir político de este país. Fueron los cinco diputados jeltzales, sin ir más lejos, los que hicieron presidente a Pedro Sánchez en la moción de censura a Mariano Rajoy. Sin ellos, el socialista no habría alcanzado la mayoría absoluta.
Esteban se marcha a Euskadi para presidir el PNV tras la renuncia deAndoni Ortuzar y su ausencia en el hemiciclo del Congreso no será como cualquier otra. No tanto por la extensión temporal de su ejercicio como diputado, como por sus dotes de orador —cuando él ha hablado, todo el mundo ha escuchado—; su posición decisiva entre los dos mundos —el del PSOE y el del PP— y, más entre bambalinas, en los recovecos del Congreso, despachos y pasillos, por su voluntad negociadora.
En declaraciones para este medio, la presidenta del Congreso, Francina Armengol, destaca precisamente que la Cámara pierde, con la marcha de Esteban, "a un gran ordador y a una persona siempre dispuesta a hablar". Lo define como "un hombre que busca el diálogo con argumentos constructivos y que genera consensos y entendimiento sin renunciar a sus ideales y su programa político". "El PNV", abrocha, "gana un presidente cabal en tiempos de ruido y conflicto en la escena internacional".
Es cierto que pocas veces entró en el navajeo parlamentario, lo cual no quiere decir que no haya confrontado ni que no haya entrado en el cuerpo a cuerpo. El último de su recorrido político en Madrid quizá haya sido con Podemos. Ione Belarra llegó a llamarle "diputado Repsol" por defender la eliminación del impuesto a las energéticas, que terminó decayendo por la fuerza conjunta que hizo el PNV con Junts, PP y Vox pese a la presión de las izquierdas a Sánchez.
La relación que han guardado con él y con el PNV esas formaciones de izquierdas en los últimos tiempos ha sido tirante —cuando no áspera— por aquello de que el ala derecha del bloque de investidura lleva a Sánchez a posturas más centristas de lo que les gustaría a Sumar, ERC, EH Bildu, Podemos o BNG. Sin embargo, de Esteban destacan los distintos diputados consultados la voluntad de "consenso" en la mayoría de las ocasiones.
"No siempre me ha gustado lo que ha dicho, pero siempre cómo lo ha dicho". Así lo resume Gabriel Rufián también en conversación con Público. El portavoz de ERC en la Cámara Baja recuerda sus primeros días, semanas y meses como diputado. "Solo tengo buenas palabras sobre Aitor", explica: "Sobre todo al principio, cuando me ayudó mucho más de lo que se dijo y de lo que se publicó". E insiste: "Junto a Joan Tardà, portavoz parlamentario de los republicanos cuando Rufián llegó a Madrid, Esteban fue quien más apoyo me dio".
Aitor Esteban y Gabriel Rufián son sin lugar a dudas dos de los políticos en la arena estatal que más logran llegar a la ciudadanía con sus intervenciones parlamentarias. "Me ha dado mucha rabia", bromea Rufián, "que casi siempre haya sido mejor que yo".
Txema Guijarro, secretario general del grupo parlamentario de Sumar, también valora la buena voluntad de Esteban a la hora de llegar a consensos, pese a las muchas y lógicas discrepancias que pueda haber entre dos formaciones tan distintas.
Lo cierto es que eso de no querer el choque constante ni buscar el amedrentamiento del contrario le viene casi de cuando era pequeño. En una entrevista de hace una década en la televisión vasca, Esteban contaba cómo, en las películas del oeste, él no iba con los vaqueros, nunca quiso un revólver en el cinturón. Él iba con los indios. "Siempre he ido con los de las minorías, parece", reflexionaba en la entrevista, en referencia a su militancia y su trabajo político en pro del nacionalismo vasco.
Pero su admiración por la cultura india americana no terminó con la madurez. Todo lo contrario. El presidente en ciernes del PNV viaja cada par o tres de años a las reservas y pasa tiempo con ellos. Incluso ha aprendido a hablar sioux.
Grandes discursos de un "Pepito Grillo" amante del rugby
Muchos recordarán a Aitor Esteban por la clarividencia con la que se pronunció durante la moción de censura de Vox, que encarnó Ramón Tamames, en 2023. Quizá la mejor frase para sintetizar aquella intervención sea esta: "Usted se ha prestado al juego de la ultraderecha de desacreditar la democracia".
Esteban siempre se ha mantenido inflexible en su rechazo de la extrema derecha de Vox, tal y como también sentenció durante aquella jornada: "El PNV nunca votará una iniciativa que busca minar las instituciones, con más razón viniendo de la ultraderecha totalitaria de Vox, de gentes que militaron en grupos que intentaron hacer fracasar la democracia y que son orgullosos herederos de la dictadura".
También en la imaginería parlamentaria colectiva ha quedado aquel cruce dialéctico que mantuvieron Esteban y Mariano Rajoy cuando el popular fue propuesto para ser investido presidente, en 2016. El ya por aquel entonces portavoz jeltzale sugirió con sorna a Rejoy que su Gobierno debía aumentar su colaboración con la economía vasca. "Si bien me quieres Mariano, da menos leña y más grano", le deslizó. Y Rajoy contestó, también con humor: "Si quieres grano Aitor, te dejaré mi tractor".
Otra cosa que es Aitor Estaban es un aficionado al rugby. Lo dejó claro en la investidura de Pedro Sánchez, cuando explicó a todos los diputados y diputadas allí presentes los motivos de su apoyo al socialista —y, también, las condiciones del mismo— por medio de la terminología propia del deporte que practica.
Así, se puso en la piel de un 'media melé', uno de los cerebros de cualquier equipo de rugby. Reconoció, por resumir, que aunque un nuevo gobierno del PSOE con Sumar no era el escenario ideal para él, rechazaba cualquier posibilidad de contribuir en la formación de un Gobierno en el que estuviera Vox. Por lo tanto, expuso que iba a hacer lo que haría cualquier 'media melé' decente en un partido: "Una patada para que el balón suba muy alto y dé tiempo a intentar recogerlo cuando vuelva a caer. Un garryowen para dar una oportunidad a la legislatura".
También vaticinó que la gestión de una mayoría tan exigua iba a ser complicada. No había que ser un genio para adivinarlo, pero en los anales del Congreso quedará su pronóstico. Esteban dijo que la legislatura iba a ser una "sucesión de rucks, la jugada en la que el balón está en el suelo y los jugadores porfían a empellones por cogerlo, apelotonados en un incomprensible desorden a ojos del espectador no habituado". Salvo entendimientos puntuales, esa "sucesión de rucks" define bastante bien el momento político.
Pero más allá de la elocuencia —quizá detrás de ella— han habido muchos procesos de negociación. Algunos muy complejos. Txema Guijarro recuerda, por ejemplo, la cadena de Reales Decretos-Ley que se aprobaron durante la pandemia.
Guijarro, que define a Esteban como un "Pepito Grillo" capaz de defender a la vez "sus intereses y el sentido común", también pone en valor su capacidad de mantenerse encadenado a una mesa de negociación hasta lograr un acuerdo. Muestra de esa tenacidad fueron las últimas palabras del jeltzale desde su escaño, el pasado miércoles. Esteban se despidió del Congreso pidiendo a Pedro Sánchez que modificara, por fin, la Ley de Secretos Oficiales, una de sus grandes batallas parlamentarias. Sánchez alabó su oratoria, le deseó suerte en su nueva etapa y le aseguró que, en esta legislatura, se modificará dicha norma.
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