Opinión
Alquiler indefinido: el derecho a un hogar estable

“Ojalá los míos nunca se muden”, canta Bad Bunny en uno de los temas más sonados de su último disco. Un verso que condensa muy bien lo que pasa a nuestro alrededor: amistades, familiares, gente cercana que vive agobiada, mirando de reojo la proximidad del vencimiento de su contrato de alquiler porque teme que un incremento del precio acorde al mercado les impida renovarlo. Esa espiral de incertidumbre es uno de los rostros más reconocibles y a la vez más crudos de la crisis habitacional que llevamos mucho tiempo denunciando desde Más Madrid, en una ciudad en la que el 77% de los habitantes destina más del 30% de sus ingresos a la vivienda.
Tras la Gran Recesión de 2008, la concesión de hipotecas al 100% se esfumó y la devaluación salarial y pérdida de poder adquisitivo -de las que aún no nos hemos recuperado- han truncado las posibilidades de ahorro y de acceso a la vivienda en propiedad a amplias capas sociales. El resultado: cada vez más gente vive de alquiler. Según los datos del INE, en 2011, un 17,7% de la población vivía de alquiler; en 2021, esa cifra subió al 23,4%. Y la tendencia es mayor en las generaciones más jóvenes: de un 23% de menores de 40 años que vivían de alquiler en 2011, hemos pasado al 40% en 2021. Y esto no sería problemático si no estuviera atravesado por la inestabilidad y la incertidumbre a la que lo aboca el marco regulatorio tal cual lo define la Ley de Arrendamientos Urbanos. Y por eso, desde Más Madrid hemos registrado una proposición de ley en el Congreso para instaurar el alquiler indefinido.
Los contratos de alquiler en España están limitados a un plazo de cinco años (siete si el arrendador es una persona jurídica), y a partir de ahí, el propietario tiene todo el derecho de expulsar al inquilino, subir el precio sin ningún tope o imponer nuevas condiciones. Ese es el panorama al que se enfrentan miles de jóvenes y familias para quienes la vida acaba siendo eso que sucede entre mudanza y mudanza. Y luego nos preguntamos por qué la gente joven no tiene hijos, por qué la salud mental está en crisis o por qué hay una sensación generalizada de precariedad vital.
El alquiler indefinido es el futuro. Es una medida pensada para dar estabilidad a los inquilinos, y permitir que sus proyectos de vida echen raíces sin verse amenazados por la alargada sombra de la especulación de fondos buitres y grandes rentistas. Además, traería ventajas a los caseros, asegurando ingresos estables y reduciendo la rotación de inquilinos, lo que también disminuiría los periodos de vacancia y posibles impagos.
No es un capricho ni una ocurrencia radical. En muchos países europeos, vivir de alquiler no supone soportar la espada de Damocles de la incertidumbre. En Alemania o Austria, el alquiler indefinido es la norma. En Suecia o Dinamarca, la renovación de contratos está sujeta a estrictas garantías frente a posibles abusos.
Al igual que en el ámbito laboral el objetivo de reducción de la temporalidad (que la reforma laboral de 2021 ha situado en mínimos históricos del 12,7%) y, por tanto, la modalidad de contrato indefinido se identifica fácilmente con estabilidad, derechos y posibilidad de los trabajadores de construir un futuro, el contrato de alquiler indefinido da la seguridad de que su hogar no tiene fecha de caducidad. Es la diferencia entre vivir con incertidumbre y poder hacer planes pensando en mañana, como bien expresa ese “Ojalá los míos nunca se muden” de Bad Bunny.
Detrás de esta propuesta hay, además, una mirada hacia cómo queremos que sean nuestros barrios, nuestro entorno inmediato. Madrid no puede seguir permitiendo que la vivienda se convierta en un lujo y que los vecinos y vecinas vayan siendo expulsados hasta convertir el espacio urbano en un decorado.
El Congreso tiene en su mano dar el primer paso para lograrlo, aprobando la proposición que hemos registrado. Es hora de ponerle coto a la especulación y dar paso a un modelo de vivienda que ofrezca tranquilidad, dignidad y futuro. Es hora de reconocer, de manera efectiva, el derecho a un hogar estable
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