Opinión
El manantial de la doncella (quinta esquina)
Por Espido Freire
Las fuerzas oscuras, terribles, que rodean al ser humano que Bergman refleja sin tregua se convierten en hombres con rostro e intenciones en El manantial de la doncella: durante el siglo XIV, en un momento en el que el culto a los viejos dioses convivía con el cristianismo, la tradición ordenaba que las doncellas acudieran con una ofrenda de velas al altar de la Virgen. La hermosa Karin, la hija de uno de los señores, cruza el bosque con su criada, envidiosa y traidora, que la deja en manos de unos bandidos. La brutalidad con la que esa muchacha es tratada resulta vieja y contemporánea, como si existiera un imán entre la inocencia y el afán por aplastarla.
Pasan los días en un entorno hipersexualizado, con una sociedad hipócrita que procura exacerbar las pasiones y proteger a los menores. La edad de consentimiento sexual, que en España se marcó por el Código Penal en los trece años, se pone ahora en cuestión. Trece años parecen muy pocos para la mayoría de los niños contemporáneos, sobreprotegidos pero frágiles, inmaduros. Por mucho que el engaño o la presión convierta en delito las relaciones con los que no han superado los dieciséis, los niños, y muy especialmente, las niñas, se han convertido en un objeto de deseo intocable, un icono de belleza siempre al alcance, y siempre vedado.
En determinadas circunstancias, existe sin duda una superioridad manifiesta: lo preocupante de un profesor que seduce a una alumna, un tío que entabla una relación con su sobrino, no es la diferencia de edad, sino los componentes invisibles (la admiración del menor, su vulnerabilidad, la experiencia vital del adulto, su desarrollo intelectual, la proximidad transformada en deseo) que rodean esas relaciones.
El que los menores posean un cuerpo apto para mantener relaciones sexuales no implica que su mente, o su desarrollo emocional, puedan soportarlo. La excesiva sexualización de los niños no sólo manipula el juego de poder que los menores captan: también normaliza el uso de la presión y la violencia sexual de los adultos hacia ellos. Son cuerpos de agua, mentes de cristal.