Opinión
Elvis, la Pelvis (II)
Por Ciencias
ORÍGENES // JOSÉ MARÍA BERMÚDEZ DE CASTRO
* Director del Centro Nacional de Investigación sobre Evolución Humana, en Burgos
La pelvis encontrada en el yacimiento de la Sima de los Huesos de la Sierra de Atapuerca fue clave para averiguar que todas las especies de nuestro linaje evolutivo tuvieron un cuerpo relativamente más ancho y corpulento que el de los humanos actuales. Ahora resulta que Homo sapiens, la especie de homínido que ha terminado por prevalecer en el planeta, está formada por individuos enclenques en comparación con el Homo antecessor o con los Neandertales. Aún estos últimos tuvieron un cerebro más grande que el de Homo sapiens. Pero perdieron la partida cuando entraron en competencia con nuestra especie
¿Cómo se entiende esta paradoja? Todo el peso de nuestro cuerpo se transmite desde la cabeza hasta el dedo pulgar de los pies a través de la columna vertebral y la pelvis, que a su vez lo distribuye hacia las piernas a través del acetábulo, la cavidad donde se aloja la cabeza del fémur. Cuando nos desplazamos, bien sea caminando, o corriendo a gran velocidad, gastamos una cierta cantidad de energía, que será más elevada cuanto mayor sea la distancia entre la cabeza del fémur y el centro geométrico de la pelvis. De manera aproximada, el centro de gravedad del cuerpo se sitúa en este lugar. En otras palabras, nuestros ancestros de caderas anchas tenían que gastar mucha energía en sus desplazamientos. Su fortaleza y corpulencia eran superiores a las de Homo sapiens, pero necesitaban muchas más calorías para desplazarse.
Imaginemos a un Neandertal en los próximos juegos olímpicos. Allí lo podemos ver, con sus pies apoyados en los tacos de salida de la final de los 100 metros lisos. Al sonar el disparo para el inicio de la carrera, su enorme masa muscular le permitiría realizar una salida explosiva. La inercia de su peso corporal y su potencia le impulsarían hacia adelante como una auténtica locomotora. Por supuesto, rompería la cinta de llegada antes que sus competidores de cuerpo moderno. La medalla de oro sería suya.
Pero veamos que le sucede a nuestro atleta Neandertal en la carrera de maratón. Ahora ya no hace falta tanta velocidad; la clave está en la resistencia. El cuerpo más estrecho de nuestros atletas modernos resulta ventajoso y terminan su carrera, exhaustos pero victoriosos. El atleta Neandertal se ha quedado en el camino, probablemente a muy pocos kilómetros del inicio de la carrera. Como el cerebro es un órgano muy caro en términos energéticos, nuestro amigo Neandertal ha tenido un gasto extra de calorías. Su cerebro, casi 200 centímetros cúbicos más grande que el nuestro, ha sido un lastre añadido.
Los Neandertales tuvieron éxito durante miles de años. Su anatomía fue adecuada para determinadas circunstancias ambientales y ganaron muchas carreras. Pero el medio cambia y el éxito es efímero ¿Y nosotros? ¿Hasta cuando seguiremos ganando carreras?