Opinión
Y Trump, todo a la vez en todas partes

Profesora de Ciencia Política y Estudios Europeos en la UCM.
El flamante presidente de Estados Unidos prosigue su campaña en la construcción de un nuevo orden internacional donde Estados Unidos continúe siendo la gran potencia global en un mundo dividido en esferas de influencia. Un mundo mucho más parecido al siglo XIX que al XX, con algunos toques medievales tales como el vasallaje con sus aliados y de tensión extrema con sus rivales. Un mundo donde el periodo denominado globalización toca a su fin. EEUU fue el motor de ese mundo; EEUU es el motor de también de su destrucción. EEUU mantuvo el sistema surgido desde el fin de la Segunda Guerra Mundial mientras le fue útil para operar como hegemón. De este modo, fue mecenas y patrocinador del sistema de Naciones Unidas, el derecho internacional liberal de un mundo basado en reglas y ha sido su principal adalid cuando consideró que podía servir a sus fines. El resto de Estados del sistema internacional, especialmente aquellos en el Norte Global, aceptaron el estatus quo ya que ello también ganaban con ello y callaban cuando se cometía algún incumplimiento del mismo por alguno de los Estados sentados en el Consejo de Seguridad. Así que sistema basado en reglas sí, ma non troppo, o quizás dependiendo de las circunstancias. Sería ingenuo pensar que incluso en un mundo donde el regula iuris gobierna y las reglas acordadas en un marco multilateral están en vigor, los poderosos no aprovecharan su ventaja competitiva para operar en dicho mundo.
Y así lo ha hecho EEUU. También la URSS hasta que dejó de existir. Tras el fin de la Guerra Fría todo fue mucho más sencillo para Washington, sin un rival claro aprovechó para expandir su doctrina neoliberal y multilateral con la que aseguraba a aquellos que colaboraran en el mismo que todos ganarían con ello. Unos más que otros, se le olvidó destacar. Unos más que otros en términos territoriales, y unos más que otros también en términos sociales y ciudadanos. De este modo, ese mundo de ayer avanzó sobre la base del crecimiento económico, el incremento de las desigualdades y el fomento del individualismo en una suerte de vuelta de tuerca más del régimen capitalista. Y ese ha sido el modelo hasta ahora, cuando EEUU ha decidido unilateralmente que el modelo estaba agotado. De nada sirvieron los consensos y de las servidumbres de años en las que todos (o casi todos) habitaban y con las que todos colaboraban para sacar algo a cambio.
Entonces si EEUU ganaba y sus aliados también ¿qué ha cambiado ahora? Sencillamente, Washington ha pensado que quería más y que lo quería ya, sin mayor transición. No es que la idea fuera nueva; de hecho Trump ya venía rumiando estas ideas desde su primer mandato, cuando ya comenzó a apuntar que en el sistema ideado por América, los chinos estaban ganando terreno. Ahora con un equipo más leal y con un plan más armado su desembarco en la Casa Blanca está siendo mucho más contundente.
De este modo, la ofensiva que le está permitiendo implosionar el sistema internacional se articula sobre tres ejes. El eje económico-comercial, el geopolítico y el ideológico. En estos días, el más activo es el primero, si bien los otros dos actúan en paralelo.
Vamos con el primero, el eje económico-comercial que se materializa sobre una ofensiva arancelaria sin precedentes con el objetivo de preparar el terreno para una negociación en términos de fuerza. Aquellos que consientan en el vasallaje tendrán algún tipo de rebaja o concesión graciosa. Aquellos con una respuesta más asertiva y retadora, serán castigados con un incremento arancelario. De este modo, se articularán los primeros bloques de un mundo que avanza hacia más multipolaridad y ninguna multilateralidad. En este primer eje el objetivo claro es ver la capacidad de repuesta de los actores concernidos, singularmente China y la UE, pero no sólo. La forma en que ambos respondan a la ofensiva arancelaria determinará el devenir de la relación futura con EEUU.
De momento, China está respondiendo con dureza y recíprocamente. Lleva años preparándose para ello, no está dispuesta a soportar un nuevo episodio similar al de 2018, y lleva años diversificando sus exportaciones y comprando deuda americana. Como rival sistémico de los norteamericanos, la confrontación es su respuesta. La respuesta de la UE por el momento está siendo bien distinta. Entre la confrontación y la acomodación, por el momento prefiere la segunda. Contemporizar y negociar con EEUU es su opción preferida al tiempo que articula mecanismos de defensa y compensación para aliviar el coste a los sectores más afectados. En esta dinámica parece claro, que China opera como polo de atracción, mientras que la UE lo hace como subordinada a Washington mientras da algunos zarpazos para continuar siéndolo. Sin embargo, lo hace aproximándose a otro polo dominante, China.
Del segundo de los ejes, el geopolítico, hemos hablado de manera extensiva en esta columna. Un eje esencial para comprender los parámetros sobre los que se mueve Trump. El primero avanzar en su plan de cohesionador de un bloque de subordinación en torno a Washington, el segundo convertirse el gran hacedor de la paz. En este eje su interlocutor no es China, sino Rusia. Con Moscú negocia la división de Ucrania y sus recursos, pero también la reconfiguración de esferas de influencia que marquen sus dominios. De nuevo aquí, la UE debe decidir cómo quiere relacionarse con EEUU, como subordinada o como par. Y aquí, de nuevo, la primera opción es la que se manifiesta de facto. A pesar de nombrar la autonomía estratégica el bloque europeo se resiste a la cruda realidad y persiste en su error de continuar en la estela norteamericana en cuestiones de seguridad y defensa, el plan de rearme no es más que eso.
Y, en fin, el eje ideológico, aquel que ya hizo su aparición durante el primer mandato de Trump y que ahora regresa más reforzado que antes, con mayor capacidad de incidencia e influencia. De todo ello escriben extensivamente Miguel Urban en Trumpismos y Laura Camargo en Trumpismos discursivos. Durante estos años el conocido como trumpismo ha conseguido articular una nutrida red de asociados que operan sobre parámetros similares de nacionalismo esencialista, tradicionalismo y antiglobalismo en el plano nacional y como una suerte de internacional reaccionaria en el plano internacional, algo que les da mayor percepción de fuerza. Este eje se torna así esencial para persistir en las dinámicas que desempeñan en el eje económico-comercial y el geopolítico, puesto que permite el establecimiento de alianzas en relación con Washington o con Moscú que debilitan y tienen un potente impacto especialmente en el bloque europeo. De nuevo aquí la UE tiene un reto relevante ante sí que trasciende la mera unidad de acción, la supervivencia de su modelo de democracia. También en esto su referente, EEUU, ha dejado de serlo.
Así las cosas, parece una evidencia los ingentes y velocísimos cambios que estamos observando y que van más allá de una mera guerra arancelaria, una aproximación entre Rusia y EEUU, o la capacidad que los reaccionarios están teniendo para operar contra los sistemas democráticos. La acción de todas estas dinámicas al mismo tiempo en todos lados es lo que da a este momento la relevancia que muchos consideramos que tiene, la de una crisis sistémica global con la que habrá que aprender a convivir.
Comentarios de nuestros socias/os
¿Quieres comentar?Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.