Opinión
Cómo reincorporar a la sociedad a las mujeres inadaptadas

Por Andrea Momoitio
Periodista y escritora
-Actualizado a
En 1971, Isidro de Arcenegui Carmona era el máximo responsable del Patronato de Protección a la Mujer. En la web del instituto que hoy lleva su nombre dicen de él que era una “persona muy influyente en Madrid”. Entre otras cosas, fue Consejero Nacional del Movimiento. Muy influyente, claro.
Entonces, algunas voces empezaban a atreverse ya a cuestionar el funcionamiento del Patronato, que dependía del Ministerio de Justicia. Incluso el presidente de la Junta Nacional, abogado de profesión, se animaba a reconocer ante la prensa que el ordenamiento jurídico que regía el Patronato estaba “desfasado”.
Él apostaba por “estudiar por qué (las chicas menores que estaban bajo su tutela) habían llegado a esa situación de inadaptación”. Tenía una hipótesis: el problema era de las familias y del turismo. El turismo “trae mucho dinero, pero también bastante corrupción que va lacrando y perjudicando a la sociedad", declaró a la prensa canaria durante una visita a las islas. Decía que quería trabajar por la reincorporación a la sociedad de estas chicas y, para eso, Isidro tenía un plan: afianzar y promover los Centros de Observación y Clasificación. Estos centros, sin embargo, llevaban años en funcionamiento. Al menos, sobre el papel.
En 1961, en teoría, se inauguró en Madrid el primer Centro de Observación y Clasificación. Pronto, anunciaron la apertura de otros en Barcelona, Zaragoza y Sevilla: “El COC funciona permanentemente y, aun cuando la mayoría de las jóvenes ingresan durante el día, se admiten a cualquier hora”, aseguraban. Allí llegaban todas las adolescentes que pasarían, a partir de este momento, a estar tuteladas por el Patronato: algunas llegaban voluntariamente, otras llegaban de la mano de sus familias, remitidas por organismos judiciales y “con mayor frecuencia”, detenidas por la Policía.
Desde el Patronato contaba que en esos centros trabajaban profesionales de la medicina, enfermería, psicología y dermatovenereología, la disciplina encargada del estudio de enfermedades venéreas y de infecciones de transmisión sexual. El procedimiento que proponían ayudaba a clasificar a las mujeres entre las que estaban “completamente limpias” y las que no. Según lo datos que ofrecía entonces el Patronato, un 32% habían sido detenidas por error; un 40% eran detenidas por su vinculación con el trabajo sexual y, el resto, estaban embarazadas, eran lesbianas o tenían algún diagnóstico psiquiátrico. Tras el análisis, los Centros emitían un informe y, a partir de ahí, se decidía en qué tipo de centro tenían que ingresar. Las mujeres mayores de edad que habían ejercido la prostitución, por ejemplo, ingresaban en centros de la Institución Villa Teresita, fundada en los años cuarenta.
Una década después de anunciar la apertura de los COC, sin embargo, Isidro de Arcenegui Carmona aseguraba a la prensa que solo estaba funcionando un centro en Ciudad Lineal, en Madrid: “Funciona como modelo y prototipo, que todavía no ha sido inaugurado oficialmente. Tenemos en preparación otro en Vigo”. Algunas supervivientes del Patronato, como Pilar Dasí, han narrado su experiencia en estos centros e investigadoras como Consuelo García del Cid aseguran que, entre otras cosas, se llevaban a cabo pruebas de virginidad: “Si te veían, llamaban a la Guardia Civil y te llevaban a los centros de observación y clasificación (COC). Podías estar incluso una semana y te hacían pruebas de virginidad. A partir de ahí decidían a qué reformatorio te destinaban. Pero estaba todo mezclado porque el sistema era un desastre y muchísimas llegaban al Patronato directamente de los orfanatos”. Las fases de observación eran dos: inicial y prolongada. La primera, efectivamente, duraba entre cinco y seis días. La segunda, vete tú a saber.
Uno de los grandes problemas a la hora de denunciar las violencias a las que fueron sometidas miles de mujeres tuteladas por el Patronato de Protección a la Mujer es la falta de información y los datos contradictorios. Sabemos que, al menos, hasta 1974 se estuvieron inaugurando centros de este tipo en distintos territorios del Estado español y que, en 1976, algunos de ellos seguían en funcionamiento. Pero faltan todavía muchos testimonios que puedan contrarrestar tanta palabrería y documentación contradictoria y desordenada de la dictadura. Necesitamos que más y más y más inadaptadas levanten la voz. Y que les pidan perdón, claro. En realidad, quizá entonces, ante el reconocimiento del daño y del terror causado, podamos encontrar más testimonios que nos ayuden a dilucidar hasta qué punto la dictadura franquista fue una dictadura misoginia.
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Fe de erratas: En una primera versión de este texto se decía que la Institución Villa Teresita fue fundada en los años 20, pero se fundó en los años cuarenta.
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