Opinión
Leire y Aldama en 'El diario de Patricia'

Por David Torres
Escritor
-Actualizado a
No hay quien entienda el batiburrillo que tienen montado en la trastienda de Ferraz entre Leire Díez, Víctor de Aldama y Pérez Dolset. Sobre todo, cuando uno cae en la cuenta de que la trastienda de Ferraz a lo mejor conecta con la de Génova. Se ve que los fontaneros de uno y otro lado van a lo suyo, cavando sus respectivas cloacas sin saber si en algún momento ambas cloacas podrán confluir en la misma, igual que aquellos dos vascos del chiste, que pretendían hacer un túnel perforando a pico y pala una montaña, uno desde la cara norte y otro desde la cara sur. “¿Y si no se encuentran en el centro?”, pregunta el ingeniero. “Mejor para usted”, responde Iñaki. “Así tiene dos túneles por el precio de uno”.
En España sucede más bien lo contrario, que tenemos una cloaca por el precio de dos, y varios ejércitos de fontaneros trabajando a lo tonto cuando con el comisario Villarejo y su grabadora teníamos de sobra. Pocas veces el bipartidismo se habrá visto mejor representado que en la figura de Víctor de Aldama, un empresario vinculado al PSOE —que además fue cónsul honorario de Georgia en Zamora— y que ahora pide directamente ayuda a Feijóo para seguir a flote. Ya habíamos visto antes cambios de chaqueta espectaculares (todo un desfile de ideologías que van desde la foto de juventud de García-Page con Fidel Castro, a la vejez en conserva de Felipe González), pero pocos más fulgurantes que el de Aldama, que muda de bando como quien se cambia de calzoncillos.
Si lo del cónsul honorario de Georgia en Zamora suena a novela de Graham Greene, lo de los trapicheos con Koldo suena más bien a episodio de Juego de tronos, otro giro de guion en una trama enrevesada donde, en lugar de dragones, lobos y castillos, proliferan las comisiones enigmáticas, los chantajes a pelo, los rescates a Air Europa y el inquietante misterio de los hidrocarburos. Aldama es un enigma viviente, uno de esos parásitos misteriosos que brotan de tanto en tanto en el PSOE como los hongos chungos de The Last of Us, al estilo de Roldán o el hermano de Alfonso Guerra, y colonizan media directiva. No hay forma humana de saber a qué se dedicaba este hombre, no te digo ya de saber a qué se dedica ahora.
Aldama lleva meses diciendo que va a tirar de la manta —un clásico de la gente que teme que le corten los pies—, pero de momento la manta no llega ni a bufanda. Con una milésima parte de las acusaciones que pesan sobre él, cualquiera estaría entre rejas, por lo que tampoco cabe explicación a la tranquilidad con que se pasea por ahí, entrando en los juzgados y las ruedas de prensa a armar bronca como si fuese Vito Quiles con su carné de periodista del Ikea. La escena que montó el miércoles tras las declaraciones de Leire Díez fue digna de un número de zarzuela, ese género netamente español lleno de barquillos y aguardientes, también de manolos y maripepas, un género que andaba de capa caída desde finales del XIX, pero que ha mejorado mucho desde que han suprimido la música y los protagonistas improvisan.
La verdad, tampoco es que las palabras de Leire Díez aclarasen gran cosa, menos aún teniendo en cuenta que los audios que se difundieron la semana pasada estaban más cortados que la droga en La Rosilla. Cuando Aldama apareció, cargando cual talonador de rugby entre la selva de micrófonos y soltando improperios, Leire se quedó Peter Lorre, rememorando aquel momento estelar de El Diario de Patricia en el que un tipo se declara a una señora jurándole amor eterno y entonces la señora, completamente estupefacta, dice: “Pero, ¿usted quién es?”. Eso quisiéramos saber también nosotros.
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