Opinión
Israel-Irán, a las puertas de una escalada regional

Profesora de Ciencia Política y Estudios Europeos en la UCM.
-Actualizado a
En la madrugada del 13 de junio, Israel atacó más de 100 objetivos militares iraníes, incluidos los nucleares. Con ello dio comienzo a un intercambio armado entre ambas partes que ha continuado durante los últimos días. En esos primeros ataques el objetivo fue Natanz, la principal instalación de enriquecimiento de uranio de Irán que terminó con el asesinato de científicos nucleares iraníes a pocos días de la sexta ronda de negociaciones entre EEUU e Irán.
Israel parece dispuesto a aprovechar la ventana de oportunidad abierta en un momento de gran debilidad iraní con la idea de intentar hacer implosionar el régimen, de ahí los repetidos ataques de los últimos meses, ni más ni menos que tres. Con ello lograría constituirse como la única potencia nuclear en la región y avanzar de este modo hacia el nuevo orden regional al que aspira. Mientras tanto, con estos ataques consigue no solo desviar la atención de sus matanzas en Gaza, donde, durante los últimos días, más de 80 personas han sido asesinadas cuando intentaban conseguir comida, sino que además formaliza un papel de potencial víctima ante Irán.
Este nuevo ataque se realiza bajo la forma de "guerra preventiva" y bajo el argumento de lo peligroso que puede ser el arma nuclear en manos iraníes y la amenaza potencial que eso puede representar para Tel Aviv. Israel lleva desde 2002 poniendo sobre la mesa este asunto, pero incluso durante los años más duros cuando, bajo la primera administración Trump, EEUU se retiró del acuerdo nuclear con Irán en 2018, no se ha podido constatar que efectivamente Teherán esté en disposición inmediata de tener el arma nuclear. De hecho, la propia inteligencia estadounidense estaba estimando más de tres años para, en su caso, alcanzar ese objetivo. Y, sin embargo, este argumento es el que más se ha comenzado a escuchar durante los últimos días por parte de las principales potencias occidentales, desde el G7 pasando por la UE, todos plantean que Irán es el principal actor desestabilizador de la región y que, por tanto, está bien que Israel lance este tipo de ataques preventivos. El canciller Mertz lo ha explicitado de manera contundente diciendo que Israel está haciendo el "trabajo sucio" en la región. Más claro no puede ser. Y, sin embargo, resulta que la única potencia nuclear en la zona es Israel que es también el que mayor inestabilidad está ejerciendo en toda la región con un genocidio en curso en Gaza y con ataques al Líbano, Siria o los hutíes de Yemen. Resulta cuanto menos chocante que Ursula Von der Leyen o Kaja Kallas invoquen el derecho de Israel a defenderse cuando ni siquiera han sido atacados por Irán. Detrás de todo esto, la vuelta al blanqueo de Israel y a los dobles estándares de los europeos.
Irán, por su parte, busca el equilibrio en su respuesta. Necesita mostrar su poderío para proseguir sus negociaciones con EEUU y no ceder el liderazgo del eje de la resistencia, pero no puede atacar contundentemente porque eso provocaría su enfrentamiento directo con el hegemón. Tampoco puede mostrar debilidad en su respuesta. De hecho, el propio ministro de Exteriores iraní ha exigido que EEUU presione a Israel para detener las hostilidades y amenaza con una salida del Tratado sobre la No Proliferación de Armas Nucleares.
Mientras tanto, las noticias que van llegando desde EEUU son ciertamente desasosegantes. En primer lugar, cada vez parece más claro que Washington estaba al tanto del ataque israelí. Casi inmediatamente Trump ha declarado que EEUU tiene controlado el espacio aéreo iraní y Bernie Sanders, junto con otros legisladores del partido demócrata, han presentado una resolución para prohibir el uso de la fuerza al presidente sin la autorización del Congreso. Al mismo tiempo, durante los últimos días, EEUU ha aumentado de manera significativa el envío de buques y capacidades militares a Oriente Medio. Especialmente significativo ha sido el despliegue de buques de guerra, interceptores antimisiles y activos aéreos, junto con aviones cisterna y portaaviones y todo ello con el objetivo de proteger a Israel y a los objetivos estratégicos norteamericanos en la región, según señalan fuentes del Pentágono. Por último, pero no menos importante, tanto Washington como Pekín han pedido la salida de sus ciudadanos de Irán.
Todas estas señales apuntan a un involucramiento directo e inmediato de EEUU en la región y aquí la clave va a estar en cómo se va a plantear esta situación. Muchos comienzan a establecer similitudes con 2003 y la certeza de la existencia de las armas de destrucción masiva de Iraq como punto de inflexión de cara a la opinión pública para una intervención en el terreno. Una encuesta de Insider Advantage Poll donde ante la pregunta: "¿Aprueba usted la decisión del presidente Trump de impedir por cualquier medio que Irán desarrolle un arma nuclear?" La respuesta es demoledora, aprueba el 74,4%. La principal diferencia en este punto entre 2003 y 2025 es que, si antes consiguieron engañar a una parte de esa opinión pública, hoy eso no es ni necesario. Si nadie lo remedia, podemos estar a las puertas de algo serio en términos bélicos y económicos.
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