Opinión
Frente al genocidio, ¡todos somos gazatíes!

Por Agustín Moreno
Activista de Ecologistas en Acción
-Actualizado a
Van casi dos años de crímenes de guerra de Israel sobre la población civil de Gaza. Cuando la impunidad del sionismo genocida parece absoluta, cuando para salvarse Netanyahu de sus corrupciones sigue con su "guerra eterna" sobre dos millones de personas con la ocupación total de la Franja, cuando es insoportable ver las imágenes de niñas y niños muertos o hambrientos en la televisión, hay que decir basta ya o la derrota moral y la infamia nos alcanzará a todos. Por eso hay que seguir hablando de Gaza y hacer lo imposible para detener un genocidio que desgraciadamente nadie puede discutir.
1. La barbarie. Los datos de muerte, escombros y hambre son brutales. Ha habido más de 61.000 personas asesinadas, de ellas 18.000 niños, incontables heridos, mutilados y traumatizados; se han destruido el 92% de las viviendas, el 94% de los hospitales, 2.300 centros educativos, el 70% de las infraestructuras básicas de agua, electricidad y gas, el 80% de las carreteras. Estamos ante una de las destrucciones más devastadoras de la historia, despojando a la población de todo y desarraigándola de la tierra y de su entorno. Detrás de la retórica antiterrorista, el objetivo es hacer inhabitable la Franja de Gaza y realizar una limpieza étnica para anexionarse el territorio.
Pero si los datos son tremendos, peores son los detalles de la carnicería. Lo describe Omar el Akkad: arrasar lugares tan sagrados como hospitales, escuelas y universidades, quemar bibliotecas, disparar a cirujanos en los quirófanos, torturar salvajemente a los detenidos, ejecutar a prisioneros atados con bridas, desnudar y mofarse de las víctimas, disfrazarse con la ropa interior de las mujeres que tuvieron que huir, romper la boca a una persona y meterle la escobilla del wáter, dejar que un perro de presa ataque y mate a una persona con síndrome de Down, bebés con tiros en la frente… Un espanto.
Tras expulsar a las organizaciones de ayuda humanitarias como la UNRWA, se monta una empresa norteamericana para un supuesto reparto de comida. Pero, como dice Médicos Sin Fronteras, "no es ayuda, son asesinatos orquestados" para que los francotiradores se dediquen a cazar a los palestinos (más de 1.000) como a pájaros que van a comer. Dicen los médicos internacionales que están sobre el terreno que en los disparos a los niños hay una pauta de crueldad: tiros en la cabeza, pecho y abdomen. ¿Todo esto para proteger los valores de la civilización occidental?
Una de las cosas más graves es la utilización del hambre y la sed como armas de guerra contra la población, y recuerda los cercos medievales de las ciudades. Además de las muertes por inanición, las consecuencias en la población de tipo físico, psicológico y moral van a hipotecar a una generación y a un pueblo.
2. Frenar a Israel. Este genocidio y los brutales hechos que lo componen solo se pueden llegar a realizar desde una ideología supremacista y la total cosificación del otro. El "Si esto es un hombre" de Primo Levi, como metáfora de la total deshumanización, se le podría aplicar hoy a los palestinos de Gaza. Si viviera Primo Levi y viera lo que pasa allí, volvería a decir aquello que aprendió de Auschwitz: no nos vencen cuando nos matan, torturan o humillan; nos vencen cuando nos quitan la compasión.
Cometer reiteradamente crímenes de guerra, jugar a desatar una guerra global con Irán por la vía de los hechos consumados de sus ataques, convierte a Israel en un peligro para los palestinos y para el resto de las naciones de la zona. También es un peligro para el mundo en la medida en que no respeta el derecho internacional y los derechos humanos fundamentales.
Cuando las palabras se quedan en nada, hay que recurrir a los hechos. EEUU no va a frenar a Israel, a la que rearma y considera su gendarme en la zona. Trump es el primero que ha estimulado la limpieza étnica en Gaza con su demencia del resort. Lo tienen que hacer la Unión Europea, los BRICS, Naciones Unidas y la opinión pública internacional, como pasó con Vietnam y con la Sudáfrica del apartheid. Alemania tiene que dejar de apoyar a Israel sabiendo que la mejor manera de expiar un pasado histórico genocida es oponerse a un genocidio en la actualidad.
Seguramente, la manera más eficaz de impedir que Israel consuma el genocidio sobre el pueblo palestino sería el despliegue sobre el terreno de una fuerza de interposición internacional bajo bandera de la ONU. El reconocimiento del estado de Palestina es simplemente simbólico cuando está en juego la existencia física de un pueblo. Hay que avanzar en la ruptura de relaciones armamentísticas, diplomáticas y comerciales, aplicar de inmediato un programa de duras sanciones y de desinversión, el boicot a sus productos y a su participación en todo tipo de programas europeos e internacionales.
La periodista experta en este conflicto, Olga Rodríguez, ha llegado a sistematizar hasta 18 medidas que se pueden y deben tomar para detener el genocidio israelí en Gaza. Las ordena entre acciones de la Unión Europea, de las organizaciones sociales y de la ciudadanía. La UE tiene la obligación jurídica de romper el Acuerdo de Asociación preferente con Israel por sus violaciones del derecho internacional y del derecho humanitario, o será cómplice; aplicar sanciones inmediatas, igual que con Rusia, ruptura de relaciones e impulsar la suspensión de la participación de Israel en la Asamblea General de Naciones Unidas; la investigación de los crímenes y tratar a Netanyahu como un criminal de guerra. Es muy importante el boicot a las empresas que se benefician de la ocupación, así como la educación, toma de conciencia, manifestación y continua denuncia.
Hay otro tema de fondo. O cambia la política de Israel, que no puede estar dirigido por la ultraderecha religiosa y los colonos, o el mundo y toda la zona tienen un grave problema. Y creo que eso no será posible sin colocar a la ciudadanía israelí ante su propia responsabilidad. Es verdad que se han producido importantes manifestaciones populares por la liberación de los rehenes, en contra de Netanyahu y por el fin de la guerra sobre Gaza. Pero también es verdad que en las encuestas hay un importante apoyo de un 80% a la intervención en Gaza, y más del 50% defiende la aniquilación de los palestinos. Un pueblo no puede mirar para otro lado para no ver el genocidio, no puede tener esa falta de empatía con el sufrimiento de los otros sin caer en el fascismo. Urge una des-sionización de la población israelí o no tendrá nunca paz y se cuestionará cada vez más si tiene sentido la existencia de Israel como estado racista y colonialista.
3. La reconstrucción. De los tres escenarios posibles que pueden darse para Gaza: anexión, campo de concentración permanente y reconstrucción, hay que apostar por este último, que es el único justo y también posible. Veamos un precedente.
En la recopilación que hace Hans Magnus Enzensberger (Europa en ruinas, Capitán Swing, 1990) de relatos de testigos de la devastación que sufrieron las ciudades europeas durante la Segunda Guerra Mundial, destaca el de John Gunther sobre Varsovia en 1948. En él cuenta que el 84% de los edificios estaba destruido tras el cerco de 1939, el levantamiento del gueto de 1943 y el levantamiento de Varsovia de 1944; que la población había pasado de ser 1.300.000 habitantes a 700.000. La gente vivía en agujeros y entre los escombros. Era difícil pensar que había futuro y lo hubo: Varsovia se reconstruyó.
Y lo puede haber para Gaza, porque en medio de la tragedia el pueblo palestino sigue vivo; a pesar de la desesperación, conserva su esperanza y tiene una gran resiliencia en condiciones extremas de vida. Por ello, aunque Israel haya convertido Gaza en una Pompeya, podrá resurgir de sus cenizas y volver a ser una tierra rebosante de vida si la comunidad internacional le da la oportunidad, obligando a Israel a irse de la Franja.
Por supuesto que debemos condenar el ataque del 7 de octubre de Hamas y la captura de rehenes que deben ser liberados. Pero por encima de todo, el pueblo palestino tiene derecho a la vida, a su tierra y a la paz, a que se aseguren sus derechos humanos y el cumplimiento del derecho internacional. Porque formamos parte de la misma humanidad, ¡todos somos gazatíes!, como decía el poeta Percy B. Shelley sobre los griegos para apoyar su independencia frente al imperio otomano. Aunque el sufrimiento sea intolerable, no todo está perdido con tal de que no dejemos solas a Gaza y a Palestina.


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