Opinión
Eme punto Mariano, eme punto Marcelo

Por David Torres
Escritor
Hasta la fecha, que yo sepa, no se sabe de ninguna Comisión de Investigación que haya descubierto cosa alguna -ni siquiera investigado algo-, pero la verdad es que resultan muy entretenidas. Aquí estoy yo escribiendo sobre la de esta semana, sin ir más lejos. Puesto que quienes comparecen no están obligados a decir la verdad, sino a decir lo primero que se les ocurra, atender a una Comisión de Investigación viene a ser lo mismo que contemplar un campeonato de petanca: una bola que pega ahí, otra que pega allá, qué bien nos lo hemos pasado, volvamos a casa. En España somos mucho de comisiones de investigación, para qué vamos a engañarnos, un procedimiento mediante el cual unas cuantas personas hacen preguntas cuya respuesta todo el mundo sabe a otras personas que responden exactamente lo que sospechábamos.
En la sesión del miércoles, había varias preguntas revoloteando por la sala y la gracia consistía en ver cómo los dos interrogados las iban esquivando sin recurrir al alzheimer, la demencia senil, la sordera o un cociente intelectual bajo cero. No en vano uno de los interrogados, Mariano Rajoy, había sido presidente del gobierno, y el otro, Jorge Fernández Díaz, ministro del Interior, aunque al oírlos hablar de todo lo que desconocían e ignoraban sobre cuestiones básicas de sus respectivos cargos, se comprende que hubiera dado igual poner una patata al frente del ministerio y un pimiento morrón al mando del gobierno. Cierto que habríamos tenido que cambiar de patata y de pimiento cada cuatro o cinco días, más o menos, pero nos hubiera salido considerablemente más barato y también más higiénico.
Tal vez una patata -incluso una patata hervida, que suele perder muchos reflejos- colocada en la mesa del ministerio hubiese llegado a enterarse de las asechanzas y los manejos de una brigada policial dedicada en cuerpo y alma al espionaje de adversarios políticos, la revisión de expedientes de independentistas catalanes y la creación de pruebas falsas contra diputados electos de Podemos. Sin embargo, el entonces ministro del Monólogo Interior estaba demasiado ocupado entre sus conversaciones con la Virgen María y sus cuchicheos con Marcelo, el ángel de la guarda que, entre otras cosas, le ayuda a aparcar el coche. En la biografía de Fernández Díaz -un señor que descubrió a Dios en un casino de Las Vegas, entre cartas de póquer y muslos de bailarinas-, lo más extraño no es que ocupara el sillón de ministro del Interior. Lo más extraño es que no lo abandonara levitando por una ventana como un santo medieval, con unos cuantos ángeles levantándolo por los sobacos.
En un momento dado, Ione Belarra le preguntó a Fernández Díaz si tenía idea de quién diablos podía ser el misterioso “M. Rajoy” que aparece en los papeles de Bárcenas, una inicial que tiene en vilo al país entero desde hace una década y contra la que se han estrellado los mayores cerebros de la judicatura española. Fernández, inspirado con toda seguridad por el espíritu santo, alcanzó a señalar que quizá se referían a Mariano Rajoy: por algo es un experto en apariciones marianas. Por un instante, todos vimos al registrador de la propiedad materializándose ente los asientos contables de dinero negro, inmaculado y barbudo cual un mártir del Greco. Ni Sherlock Holmes, ni Sam Spade, ni Philip Marlowe, ni Miss Marple, ni Hércules Poirot, ni Pepe Carvalho hubiesen alcanzado a descifrar semejante enigma onomástico.
Claro, lo que ya no podía señalar Fernández Díaz es qué pintaba Mariano Rajoy en los papeles de Bárcenas, un nudo gordiano, un vacío metafísico que quedará irresoluble por los siglos de los siglos, al lado de la cuadratura del círculo y la composición de la materia oscura. En la segunda parte del Quijote, los cabrones de los duques se lo pasan en grande concediéndole a Sancho Panza el gobierno de la Ínsula Barataria, aunque les habría estallado la cabeza de haber visto cómo una patata dirigía el ministerio del Interior y cómo un pimiento morrón gobernaba España. En materia de narrativa, Cervantes lo vio venir todo, excepto las comisiones de investigación. ¿Y la europea? Poco nos pasa.
Comentarios de nuestros socias/os
¿Quieres comentar?Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.