Opinión
Churro, media manga, manga entera
Por David Torres
Escritor
Hace un par de meses, durante la Eurocopa, Cristiano Ronaldo le quitó el micrófono de la mano a un periodista deportivo y lo arrojó en mitad de un estanque. La noticia no daba para más: una rabieta más de un deportista mimado por lo medios al que se le atragantó una pregunta en vivo y en directo. No obstante, los telediarios se lanzaron a desmenuzar el hecho como si acabaran de descubrir el tópico del parturient montes.Lo analizaron desde cualquier ángulo: el pobre rendimiento de Cristiano en la Eurocopa (al final ganó Portugal), el nerviosismo, la mala educación, posibles traumas infantiles, hasta alargar la gilipollez quince minutos. La noticia ya ni siquiera tenía que ver con la información deportiva sino que le comía terreno a la política, los sucesos, el famoseo y la meteorología, como si fuesen a renombrar el anticiclón de los mapas para que ahora venga de Madeira en lugar de Las Azores.
Para los periodistas el fútbol es como el cerdo para los cocineros: se aprovecha todo, desde la indumentaria a los partes médicos, desde el peinado a las supersticiones. Hasta tal punto que el mismo día (29 de agosto de 2007) en que tenían que dar la noticia de la muerte del mayor escritor de periódicos español en la segunda mitad de siglo, Paco Umbral, todos los diarios (excepto aquel en donde publicaba) abrieron con la foto en portada de un futbolista, Antonio Puerta, muerto de un infarto en el campo. La defunción de Umbral aparecía arrinconada, en negrita, transformada en una perfecta metáfora de un oficio que empezó siendo la conciencia de la sociedad y ha terminado de limpiabotas. Pocas veces el periodismo español habrá caído más alto pero ninguna fue tan unánime en el desprecio de la cultura, de la literatura y de sí mismo.
A Gerard Piqué, que es un tipo al que de vez en cuando le gusta liarla parda, encabronar al madridismo y llevar el fútbol tres pueblos más allá del césped, lo han machacado desde diversos medios deportivos y de los otros por recortar los colores de la bandera española en la camiseta con la que jugó el partido contra Albania. En realidad, como se supo después, no había recortado ninguna bandera: Piqué siempre juega con la equipación de manga larga y, como dijo en los vestuarios, prefirió llevar debajo una camiseta térmica porque la otra no le quedaba cómoda. Pero el linchamiento ya estaba servido y Piqué decidió anunciar su próxima renuncia a jugar en la selección.
No voy a ocultar que el personaje me cae gordo, muy gordo, y que incluso le dediqué un artículo dos años atrás cuando hizo un clásico numerito de "usted no sabe con quién está hablando" a unos agentes de la Guardia Urbana que le habían puesto una multa por estacionar el auto al mejor estilo Aguirre en un carril bus de Barcelona. Pero la verdad es que Piqué nunca ocultó sus preferencias políticas del mismo modo que nunca flaqueó sobre el campo su compromiso con la camiseta que viste, ya sea azulgrana o española. Muchos de los patriotas que le reprochaban el (falso) corte de mangas jamás habrán protestado con la misma vehemencia contra los recortes brutales en Sanidad, Educación y Cultura impuestos desde un gobierno que patrocina la rojigualda como símbolo supremo de patriotismo. Muchos, también, estarán aplaudiendo el oneroso despilfarro de un desfile militar cuyo mejor símbolo es la cabra.
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