Opinión
El asilo no es caridad, es justicia

Por Esther Gil de Reboleño Lastortres / Agustín Santos Maraver
Diputados de Sumar
Dos horas después de su toma de posesión, Trump firmó una orden ejecutiva por la que su administración solo reconocía la división biológica entre hombres y mujeres. Con una firma pretendió eliminar la pretendida “ideología de género”, la existencia de personas lesbianas, gays, trans, no binarias, bisexuales o queer.
Y la caza de brujas comenzó a continuación en los registros civiles, las fuerzas armadas, los colegios, las prisiones, la ayuda al desarrollo, los programas de educación sexual y reproductiva….Hasta la Embajada de EEUU en Madrid ha advertido a sus proveedores que tendrán que firmar un documento asegurando que no practican políticas de igualdad como exige la legislación española.
Se trata de una violación masiva de los derechos humanos que nos retrotrae a la medianoche totalitaria del siglo XX, a la quema de brujas de la edad media. En la Alemania nazi, fueron arrestados y enviados a campos de concentración, marcados con un triángulo rosa. Durante décadas, en muchos países occidentales, la homosexualidad fue castigada con penas de prisión, y el exilio fue la única opción de supervivencia para muchas personas del colectivo.
A través de chantajes o imitación, la campaña contra las personas LGTBIQ+ y los derechos de las mujeres de Trump se ha propagado a América Latina, de la mano de Milei o Bukele, en África y Asia. Millones de personas son discriminadas, perseguidas y necesitan protección y ayuda. Pero en EEUU y cada vez más países se les niega el derecho al asilo.
La historia ha demostrado que negar los derechos y la falta de protección para las personas LGTBIQ+ conduce a la violencia, la marginación y la muerte. Hoy, como entonces, tenemos la responsabilidad de garantizar que nadie sea perseguido por su identidad u orientación sexual. Negar asilo a aquellos que huyen de la discriminación no es solo un acto de indiferencia, sino también un recuerdo del sufrimiento y represión que enfrentan estas personas en sus países de origen. Debemos aprender de la historia y asumir el liderazgo en la defensa del derecho de asilo para el colectivo LGTBIQ+. Los derechos humanos no pueden ser diseccionados en distintos grupos de víctimas. Su violación contra cualquier persona es una injusticia y un peligro para todas.
La llegada de líderes con inclinaciones represivas puede transformarse en la normalización del discurso de odio y la pérdida de derechos para grupos históricamente marginados. La administración de Trump ha puesto en evidencia cómo los derechos conquistados pueden ser barridos con un simple decreto, lo que da alas a políticas discriminatorias en otras partes del mundo.
Nos corresponde diseñar y defender una alternativa distinta a la LGTBIfobia, así como fortalecer nuestro compromiso y asumir un papel de referencia en la defensa de los derechos humanos, ser un refugio seguro para quienes huyen de la intolerancia ya que negar el derecho de asilo a personas LGTBIQ+ perseguidas es condenarlas a una vida de violencia, de invisibilización y, en muchos casos, de muerte. ¿Vamos a permitirlo?
Debemos ir más allá de declaraciones simbólicas, necesitamos protocolos efectivos, más recursos para la acogida y, sobre todo, una voluntad política firme para garantizar que los derechos humanos sean un pilar inquebrantable de nuestra democracia. Hace 30 años, en la 4 Conferencia sobre el Estatuto de la Mujer de NNUU los derechos humanos de las personas LGTBIQ+ ocuparon un lugar central en los Objetivos de Desarrollo Sostenible. A través de la movilización unitaria, la utilización de los tribunales, reforzando las leyes y recurriendo a las instituciones internacionales como el Consejo de los Derechos Humanos, tenemos que continuar esta lucha por la igualdad.
Por eso, desde Sumar hemos presentado una propuesta clara y decidida con el objetivo de proteger los derechos y libertades de las personas LGTBIQ+. Frente a políticas regresivas, excluyentes y discriminatorias, como las impulsadas por dirigentes como Trump, proponemos medidas que garanticen su dignidad, seguridad y reconocimiento pleno. Desde Sumar no permitiremos que nadie sea borrado o silenciado, y trabajaremos para construir una sociedad más justa, diversa e inclusiva.
El auge de la extrema derecha en el mundo nos obliga a ser contundentes. Como en Stonewall en Nueva York, como el Pasaje Begoña en Torremolinos: no hay espacio para la tibieza cuando lo que está en juego son vidas humanas. La historia nos juzgará por lo que hicimos, o dejamos de hacer. El asilo no es caridad, es justicia.
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