La salud del papa reabre el debate sobre la duración de los pontificados
Pablo VI falleció con 81 años, Juan Pablo II con 85 y Benedicto XVI con 95. Aunque Francisco defiende que la Iglesia se gobierna "con la cabeza y no con las rodillas", es imposible no considerar también la imagen mediática que proyecta el papa ante sus recientes condiciones médicas.

Roma-
El pontificado del papa Francisco –que entre febrero y marzo ha estado ingresado cinco semanas en el Hospital Gemelli de Roma por una neumonía bilateral– se encuentra en un punto de inflexión donde sus condiciones médicas limitan sus movimientos pero no dificultan su lucidez intelectual –su médico en el Gemelli, Sergio Alfieri, sostiene que Jorge Mario Bergoglio es "un falso octogenario"–.
En un contexto donde el papa Pablo VI falleció con 81 años, Juan Pablo II con 85 años y Benedicto XVI con 95 años, parece razonable debatir sobre los pontificados vitalicios o las posibles renuncias, teniendo en cuenta que solo el papa puede decidir cómo concluir su pontificado. Lo cierto es que, con el aumento de la longevidad, también los obispos de Roma probablemente experimenten dos etapas diferenciadas en sus mandatos: una primera fase más enérgica y activa, y una segunda más reflexiva. En este contexto, la clave podría estar en adaptar la figura del pontificado a estas dos realidades.
El papa Francisco, actualmente, no se encuentra ni siquiera en la mitad de la convalecencia de dos meses recomendada por sus médicos para recuperarse de su infección respiratoria. Pero Jorge Mario Bergoglio, sin embargo, en los últimos días ha aparecido en público varias veces para demostrar presencia entre los fieles en un momento de recuperación médica, tras haber tenido riesgo de perder la vida en dos ocasiones en el mes de febrero.
Teniendo en cuenta sus limitaciones físicas –hace mucho tiempo que se mueve en silla de ruedas y padece enfermedades crónicas respiratorias–, tras su vuelta al Vaticano habrá que comprobar cómo querrá el Pontífice argentino adaptar su papado, y si quiere hacerlo. Al fin y al cabo, el propio Francisco ha sido quien afirmó, en otras ocasiones, que la Iglesia Católica se gobierna "con la cabeza y no con las rodillas".
Cada Pontífice ha tenido una relación distinta con sus fuerzas físicas. El arzobispo Vincenzo Paglia, presidente de la Pontificia Academia para la Vida, preguntado por Público recuerda que, en el siglo pasado, "el papa Juan XXIII le preguntó a su médico cuántos meses de vida le quedarían si no se operaba y prefirió no hacerlo para poder convocar el Concilio Vaticano II". Como miembro de la Curia romana, Paglia destaca que se trata de "gestos que marcan un antes y un después en la espiritualidad pastoral de un papa"; como ocurrió también en la renuncia histórica de Benedicto XVI.
Para Vincenzo Paglia el problema principal reside en que "hay que salir de una concepción demasiado funcionalista" en relación a los papas y sus pontificados. Según el arzobispo, hay que tener presente que la Iglesia Católica "no tiene como guía un presidente de la República o un primer ministro, sino un espíritu". Un espíritu que guía incluso en momentos delicados: "Tras el fallecimiento de Juan Pablo I, está claro que los cardenales en el cónclave buscaron a una persona vigorosa de 58 años como Juan Pablo II". Paglia afirma que la Iglesia Católica "reflexionará" con "sabiduría" la evolución de los próximos pontificados en el futuro.
Cuando un papa enferma, inevitablemente, se abre un debate acerca de sus capacidades a la hora de cumplir con el ministerio petrino. Para Arturo Sosa, superior general de la Compañía de Jesús, "el papa Francisco ya no es el mismo de 2013, es una persona que envejece, él es consciente de ello y no puede hacer lo mismo que hacía antes". Preguntado por Público, ha subrayado la importancia de una "normalidad", donde "las personas envejecen, necesitan ir al médico y cuidarse".
Para el jefe de los jesuitas, la Iglesia debe "garantizar" el desarrollo de los pontificados y medita acerca del debate vinculado a "si un papa tiene que serlo de por vida" y que ello "no dependa de su lucidez intelectual". Para reflexionar acerca de ello, pone de ejemplo a la propia Compañía de Jesús, donde su cargo de superior general es "ad vitalitatem", que no es de por vida, sino que está sujeto a "la energía" y a una "normalidad de trabajo". Arturo Sosa, igualmente, cree que la constante "atención" de "los medios de comunicación" es la que incita, en determinados momentos, "una presencia tan constante" del Pontífice en la vida pública.
"Todo se complica en el momento en el que, en la era de los medios de comunicación, el papa no sólo tiene que ser capaz de guiar a la Iglesia desde un punto de vista intelectual o espiritual, sino que tiene que ofrecer una performance, un rendimiento con visibilidad pública", explica, entrevistado por Público, el profesor Massimo Faggioli, historiador de la Iglesia Católica de la Universidad Villanova en Filadelfia (Estados Unidos). "La apertura mediática ha ayudado a los papados a superar determinados aspectos relativos a la secularización, manteniendo así el catolicismo en la esfera pública; pero conlleva también unas necesidades del sistema mediático y que influyen en el ministerio petrino", explica Faggioli.
Para el docente de la Universidad Vilanova de Filadelfia la edad de los papas es un factor importante "en las decisiones de los cónclaves" y "el aumento de la esperanza de vida cambia los parámetros" para elegir a los sucesores de Pedro. La mayor novedad, para Faggioli, la aportó "Benedicto XVI normalizando las renuncias papales", pero "no hay ningún automatismo que pueda forzar la libre voluntad de un Pontífice reinante". El historiador recuerda que Bergoglio "nunca ha excluido la posibilidad de una renuncia, pero dijo también que no era una buena idea normalizar los pontificados con limitaciones de tiempo, porque representaría una limitación de la libertad del papa. Y una indebida forma de presión".
Observando el actual papado, el profesor Massimo Faggioli considera que el del papa Francisco es "un pontificado muy largo" donde el principal desafío a nivel internacional será "entender de qué forma la Iglesia Católica y el Vaticano pueden actuar en un clima mundial tan peligroso e inestable". Mirando al futuro, el experto en la Historia de la Iglesia Católica cree que después de la actual convalecencia será "complejo" prever cómo se desarrollará el resto del papado de Francisco; teniendo en cuenta que "cada pontificado se adapta a las condiciones de salud del papa" y donde, según el profesor, "estamos ante un escenario inédito".
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