¿Funciona igual el corazón de un niño que el de un adulto?

El corazón de un niño y el de un adulto básicamente funcionan igual. Las diferencias se encuentran en el tamaño, siendo obviamente mayor en el caso de los adultos, así como en el número de pulsaciones por minuto. En concreto, el corazón normal de un niño es más pequeño y late por encima de los 100 latidos por minuto, pero a partir de la adolescencia las pulsaciones suelen estar por debajo de 100 y por encima de los 60 latidos por minuto.
Ahora bien, los problemas cardíacos que tienen los niños son muy diferentes a los de los adultos. Los niños pueden diagnosticarse de anomalías en la estructura del corazón, lo que llamamos ‘cardiopatías congénitas’, con las que nacen, si bien es muy raro que tengan infartos de miocardio a diferencia de los adultos, donde es una de las patologías más frecuentes.
En concreto, los cardiólogos pediátricos son los especialistas que están específicamente capacitados para detectar estos problemas cardíacos en los niños. Así, buscan identificar esos problemas cardíacos ante una sintomatología determinada como puede ser un soplo, un dolor de pecho, mareo, síncopes o palpitaciones. En ocasiones también se pueden estudiar a niños asintomáticos pero que tienen a algún familiar con una patología cardíaca que se puede heredar.
LAS CARDIOPATÍAS CONGÉNITAS
En concreto, el corazón se empieza a formar en el embarazo, en torno a la tercera semana de embarazo, y finaliza su desarrollo en torno a las siete semanas. De hecho, cuando muchas madres ni siquiera saben que están embarazadas ya está formado el corazón de sus hijos, y además funcionando, limitándose desde ese momento a crecer en tamaño.
En España, las cardiopatías congénitas afectan aproximadamente a trece de cada 1000 nacidos vivos, siendo la malformación congénita mas frecuente.
En la actualidad, se desconocen las causas por las que el corazón de estos niños no se forma adecuadamente, aunque sí se conoce que hay varios factores predisponentes como la ingesta de determinadas medicinas durante el embarazo, la exposición a radiaciones, la edad elevada de la madre, aparte de algunas anomalías cromosómicas, como el Síndrome de Down, por ejemplo.
SÍNTOMAS
La primera sospecha de una cardiopatía congénita puede venir del ecografista que va realizando las revisiones a la mujer en el embarazo, o bien del propio pediatra, que escucha un soplo en el niño, o bien ante una revisión de rutina. Eso sí, la presencia de un soplo no es indicativo de una enfermedad del corazón. Esto hay que tenerlo claro, de hecho la mayoría de los soplos son los llamados soplos inocentes que son simplemente el sonido que se percibe al auscultar el corazón y que es debido a turbulencias que realiza la sangre en su recorrido por un corazón normal.
Además, los niños con cardiopatías congénitas pueden tener síntomas en función de su edad y del tipo y gravedad de la cardiopatía. Los lactantes pueden presentar fatiga entre tomas, poco apetito, poca ganancia de peso, palidez en la piel, estar sudorosos, o bien de un color azulado. En cambio, los niños más mayores suelen presentar fatiga con los esfuerzos, dificultad respiratoria, o cansancio aunque estén en reposo.
Así, hay un alto espectro de cardiopatías congénitas, y de muy diversa gravedad. Desde aquellos defectos cardíacos muy leves, que no dan ningún síntoma y se descubren casualmente, hasta los más graves que necesitan de una intervención quirúrgica en los primeros días de vida.
Entre las lesiones más leves pueden darse defectos en el tabique auricular o ventricular, o pequeños orificios en el corazón que no dan sintomatología e incluso pueden cerrarse de forma espontánea; hasta los más graves o complejos, como tener partes del corazón mal formadas o que faltan, que sí pueden requerir una intervención por cateterismo o bien una cirugía cardíaca en los primeros días de vida como hemos mencionado.
DIAGNÓSTICO: UNA ATENCIÓN INTEGRAL Y FLUIDA
Para su diagnóstico es necesario que estos casos sean revisados por un cardiólogo infantil. En Quirónsalud Zaragoza se trabaja estrechamente con los pediatras de cabecera a la hora de abordar a estos pacientes y así ofrecer una atención integral a familias. De esta forma, los pediatras son los primeros profesionales que detectan el problema cardíaco en el niño y lo derivan.
Tras la auscultación pueden ser necesarias algunas pruebas como el electrocardiograma, una ecocardiografía o un holter para el estudio de las arritmias. Además, con los padres se procura siempre mantener una conversación fluida para ofrecer la mejor atención a los pacientes.
Hay que destacar que es muy importante tranquilizar a las familias en este sentido porque la mayor parte de los síntomas cardiológicos en los niños son patologías banales, o pequeñas patologías que no interfieren en la vida normal del niño y se corrigen solas, o bien sí necesitan alguna corrección, pero en última instancia gozarán de un corazón normal, y podrán tener una vida larga y saludable como cualquier otro niño.
Asimismo, la buena noticia es que en los últimos años se han producido grandes avances científicos en esta materia, y la mayor parte de las cardiopatías congénitas son corregibles, y la mayor parte de los niños que las padecen lograr llegar a la edad adulta con una vida funcional aceptable.
