Cómo cuidar la piel si tienes dermatitis atópica

Dra. Lorena Bernal Rubio
Jefa del Servicio de Alergología del Hospital La Luz de Madrid
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La piel es el órgano más grande del cuerpo humano. Es la barrera protectora frente a posibles “ataques” bacterianos, químicos o térmicos; regula la temperatura corporal y tiene factores hidratantes que la mantiene, elástica, flexible y firme; contiene secreciones que destruyen las bacterias que dañan las células de la piel y, gracias a la melanina, la sustancia que pigmenta la piel defiende al cuerpo de los rayos ultravioletas. Las características de la piel varían a lo largo de todo el cuerpo en color, textura o grosor. Las palmas de los pies y de las manos, por ejemplo, tienen una piel más gruesa que otras zonas del cuerpo y no tienen ningún folículo capilar, como la cabeza. Pero al estar expuesta continuamente a patógenos externos, la piel puede sufrir diferentes enfermedades como acné, psoriasis, urticaria, alopecia, eczema o dermatitis atópica, por citar alguna.
La dermatitis atópica, es una enfermedad inflamatoria crónica y no contagiosa de la piel y una de las más frecuentes. Puede afectar a cualquier parte del cuerpo y suele ser más habitual en los niños, cerca del 60 por ciento de los casos, pero puede desarrollarse a cualquier edad y se caracteriza por la aparición de eccemas, vesículas, costras, enrojecimiento, aspereza, piel agrietada y picor. La causa de esta enfermedad es multifactorial, jugando un papel muy importante en su desarrollo la predisposición genética o carga hereditaria.
“Entre otros factores causales encontramos alteraciones en la barrera de la piel y un desequilibrio inmunológico, entre otros”, asegura la doctora Lorena Bernal Rubio, jefe de Servicio de Alergología del Hospital La Luz de Madrid. El estrés psicológico, las infecciones, alérgenos o irritantes pueden actuar como precipitantes de los brotes o recaídas.
El tipo y la localización de las lesiones variará dependiendo de la edad del paciente. En los lactantes las lesiones aparecen principalmente en la cara, siendo mejillas, frente y mentón las áreas normalmente afectadas junto con el tórax y superficies extensoras. En niños mayores las lesiones aparecen frecuentemente en las flexuras antecubitales y poplíteas (detrás de las rodillas). Ya en la edad adulta la afectación labial y periocular junto con el cuello y dorso de manos serán los sitios más afectados.
La dermatitis atópica, al ser visible, suele afectar psicológicamente “los síntomas, sobre todo el picor, pueden tener un impacto negativo en la calidad de vida de los pacientes, afectando al descanso, provocando absentismo escolar o laboral y generando ansiedad e incluso depresión”, asegura la doctora Bernal, especialista en Alergología e Inmunología Clínica. No hay que olvidar que la dermatitis atópica es una enfermedad crónica, los tratamientos no son curativos, pero ayudan a suavizar los síntomas, aunque existen “algunos tratamientos empleados como los corticosteroides y los inhibidores de la calcineurina y en casos severos se emplean tratamientos con inmunosupresores o tratamientos biológicos, incorporados recientemente al arsenal terapéutico” añade la doctora Bernal.
Es importante acudir al especialista para diagnosticarla en cuanto aparecen los primeros síntomas y así evitar complicaciones que puedan surgir en un futuro y enfermedades asociadas, como la rinitis o el asma alérgica. Aunque no se ha encontrado una cura para esta enfermedad, existen tratamientos que ayudan a prevenir y reducir los brotes, así como aliviar el picor. Los tratamientos incluyen mantener el cuidado diario de la piel, hidratándola las veces que sea necesario, evitar jabones fuertes, darse duchas cortas con agua templada, rechazar los baños largos con agua muy caliente; utilizar ropa de tejidos suaves como el algodón o el lino y no ceñida, incluida la ropa de cama. A la hora de hacer la colada, debe aclararse bien la ropa, evitar los detergentes en polvo, los suavizantes y la lejía. Para evitar infecciones los especialistas aconsejan mantener las uñas y las manos limpias para que no se produzcan lesiones durante el rascado además de mantener la casa ventilada con una temperatura y humedad constante y evitar, en la medida de lo posible, el uso de alfombras y peluches que acumulan polvo.
