Punto de Fisión

El tráiler del rey

El pasado sábado, más de un día antes de que el rey Felipe VI impartiera por televisión su tradicional discurso navideño, El Español, con permiso de la Casa Real, publicaba un artículo en el que filtraba un resumen de lo que nos esperaba en Nochebuena. Es lógico que la Corona se sume al avance de los tiempos y publique un adelanto del mensaje real, del mismo modo que las películas se anuncian mediante un tráiler de un minuto o minuto y medio que condensa el próximo estreno.

De hecho, uno de los motivos de la decadencia del arte cinematográfico es la perfección con que se hacen estos avances publicitarios: un tráiler del montón evita que pierdas el tiempo de ver la película mientras uno realmente bueno te quita el trabajo de hacerla. Vamos, que aparte de para dar trabajo al equipo técnico y artístico, no se sabe muy bien para qué se siguen filmando películas pudiendo filmar simplemente el tráiler.

Con el mensaje de Nochebuena del borbón sucede algo parecido, que da trabajo a mucha gente, guionistas, cámaras, iluminadores y especialmente al actor principal, Felipe VI, quien debe ensayar y preparase a fondo para su gran actuación anual. Personal y profesionalmente, me asombra el talento de los escritores que año tras año tienen que redactar un nuevo discurso diciendo exactamente lo mismo que todos los anteriores, pero cada vez con distintas palabras. Se trata de una auténtica exhibición de verbos malabares, un portentoso despliegue de sinónimos: que si la unidad de España, que si el respeto a la Constitución, que si no ha sido un año fácil, que si todos los españoles debemos hacer un esfuerzo, etc.

En el discurso navideño del monarca todo está medido al milímetro. Nada de improvisación, nada de sorpresas, nada de riesgos ni de experimentos: el rey y sus colaboradores conocen muy bien la audiencia a la que va dirigido el mensaje, del mismo modo que los productores de la Marvel y la D.C. saben muy bien que su público no quiere complicaciones ni innovaciones ni más hostias que las necesarias. El rey y sus dos manos, Superman y su capa, Thor y su martillo, Spiderman y sus telarañas. Al final los superhéroes siempre ganan.


Sin embargo, resulta extraño que hayan filtrado el tráiler borbónico con tan poca anticipación, cuando podíamos haberlo tenido en nuestras pantallas desde hace semanas, aproximadamente desde que Pedro Sánchez juró el cargo y vimos la cara de mala uva de Felipe VI, como si los españoles, al revés que los argentinos, lo hubiéramos decepcionado en las urnas.

Antes, la novedad estaba en ver de qué color llevaba la corbata el rey, pero este año consistirá en ver si todavía le dura el gesto de vinagre. Por lo demás, ya sabíamos de sobra el contenido del mensaje; no podía sorprendernos de ninguna manera, igual que el turrón, el mazapán, el cava y los niños pidiendo el aguinaldo, tocando la zambomba y cantando villancicos.

Con un poco de suerte, esto del tráiler crea afición y, a lo mejor, durante los próximos años las televisiones nos endilgan únicamente un minuto o dos de consejos monárquicos en lugar de una brasa de nueve o diez minutos. Para más adelante tampoco habría que descartar un tráiler del tráiler: quince segundos bastan y seguramente también sobran. Sería una forma de recuperar ese millón y medio de telespectadores que ha decidido mirar por la ventana o pasarse directamente a Filmin.


Otra manera de restablecer el cariño popular por la monarquía sería cambiar completamente el formato de la chapa navideña y hacer que Felipe VI imitara aquella rutilante aparición de Marilyn Monroe en una de sus primeras secuencias cinematográficas: abría la puerta, se quedaba mirando a Groucho Marx y preguntaba si podía hacer algo por él. Como si no lo supiéramos.

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