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Elisa Coll: "La bisexualidad no es un complemento: es una identidad válida y política"

L’escriptora i activista bisexual Elisa Coll, també autora de 'Resistencia bisexual: mapas para una disidencia habitable”. Juliol 2021.
La escritora y activista bisexual Elisa Coll, también autora de 'Resistencia bisexual: mapas por una disidencia habitable', en julio de 2021.  Cedida per Elisa Coll

La escritora y activista bisexual Elisa Coll ha escrito Resistencia bisexual: mapas para una disidencia habitable, una obra en la  explica las violencias que sufren las personas de este colectivo, pero también cómo tejer alianzas para combatir estas discriminaciones.

Las personas bisexuales son aquellas que se sienten atraídas por más de un género. Cuando se habla de bisexualidad y sus discriminaciones se acostumbra a disparar a ciertos (falsos) tópicos: son promiscuas, viciosas, indecisas o no son de fiar. Son estigmas que se quedan en la parte superficial, de anécdota, dando a entender que son los únicos que sufre el colectivo. Pero la bisexualidad es mucho más que deseo: es una identidad disidente. Así lo explica la escritora y activista bisexual Elisa Coll (Madrid, 1992), autora de Resistencia bisexual: mapas para una disidencia habitable (Melusina, 2021). "Cuando solo se habla de nuestra identidad desde el deseo para mí es un peligro porque hace que no veamos toda la carga de la violencia estructural que hay detrás", explica Coll. "La bifobia consiste no solo en decirnos viciosas, sino en sufrir violencia sexual, psicológica, física o tener graves problemas de salud mental. Es violencia con todas las letras", aclara.

El 46% de las mujeres bisexuales han sido violadas y el 75% han sufrido algún tipo de violencia sexual, según publicó The National Intimate Partner and Sexual Violencie Survey el 2013 en los Estados Unidos. De todos los grandes grupos de identidad sexual, las personas bisexuales tienen los peores problemas de salud mental, incluyendo altas tasas de depresión, ansiedad, autolesión y suicidio, según el informe Bisexual Invisibility report, publicado el 2012 en Reino Unido. Estos solo son algunos de los ejemplos que Coll expone en su libro, donde pone nombre y cifras a estas violencias que quedan escondidas. La escritora deja claro que no se trata de hacer una competición sobre cuál es el colectivo que sufre más discriminaciones, sino de ponerles nombre a través de un libro y así ayudar a aquellas personas que tienen dudas o quieren informarse.

¿Qué impulsó a Coll a escribir este libro? Coll narra que salió "muy tarde del armario en comparación al resto" —alrededor de los 25 años— y que los referentes que ella tenía sobre la bisexualidad como algo "válido, identitario y político" eran de referencias muy lejanas de artículos en internet o de libros en inglés. "Quería hacer una referencia sólida y más completa, porque en el Estado español no he visto nada escrito desde la perspectiva en la que lo he hecho. Fue un trabajo muy emocionante, pero tenía mucho miedo porque me faltaban referencias", confesa.

"De adolescente conocía la palabra bisexual, pero nunca la vinculaba a una identidad, sino a una cosa mucho más liviana que nada tenía ver con lo que yo era. Creía que era un lugar de paso y feo, no un lugar donde me podía quedar, crecer y crear comunidad", recuerda la autora. Con el tiempo, esta idea ha cambiado y uno de los objetivos del libro es defender que la bisexualidad es "una categoría válida, identitaria y completa". "La bisexualidad no es un complemento", añade. En este sentido, la autora protesta porque parece que las personas bisexuales sean objetos de deseo y no sujetas de este. "Somos sujetos de pensamiento, no es suficiente sacar la bisexualidad de la fantasía de los hombres cis y heterosexuales. Lo que tenemos que hacer es considerarnos sujetos con memoria histórica con deseo, sí, pero con muchísimas cosas más", argumenta.

¿La bisexualidad asusta?

Históricamente, se ha hablado de la bisexualidad como un punto medio entre la línea de la homosexualidad y la heterosexualidad. En un fragmento del libro, Coll se refiere a las sexualidades como un mapa, y no como una línea. "Por parte de la heterosexualidad asusta mucho que no haya una línea definida que nos separe a unas de las otras. Por parte del colectivo LGBTIQA+, hay miedo a que las bisexuales seamos el caballo de Troya que llevamos ideas heterosexuales y esto nos delega a ser una disidencia de segunda", lamenta.

"La lesfobia y la bifobia son violencias estructurales"

Para evitar esta discriminación, Coll considera que hay que tener en cuenta la bisexualidad y la bifobia también dentro de los feminismos y del movimiento queer, porque si se rechaza contar con esta parte del colectivo, el movimiento deja de ser interseccional y de acoger a toda la diversidad. Por otro lado, remarca que, tal y como pasa con la lesbofobia, a las mujeres bisexuales que sufren violencias se las encasilla en las violencias por ser mujeres, sin tener en cuenta el componente de su identidad. "Es machismo u homofobia. La lesbofobia es una violencia estructural, tal como la bifobia misma. No se trata de ponerse ninguna medalla, sino de entender el problema, dar recursos y prevenirlo".

¿Cómo se hace red?

Mientras que la comunidad gay o lésbica está más arraigada, la bisexual siempre se ha encontrado en una especie de no-lugar, apoyando en las luchas feministas y lésbicas, pero con dificultades para encontrar su propio espacio. Ahora, esta situación está cambiando. ¿Pero cómo ha empezado? "La creación de la comunidad bisexual en mi caso vino por mis amigas", señala Coll. Cuando la escritora salió del armario, otras chicas de su alrededor hicieron el mismo paso. "Hacen falta referencias próximas para sentirte cómodo por cómo eres. El activismo colectivo es esencial para generar un cambio y estar presente en las luchas queer", señala.

Por otro lado, considera que las personas bisexuales tienen que trabajar por un activismo que trate de forma directa la bifobia y a partir de aquí tejer alianzas con los otros miembros del colectivo LGBTIQA+.

¿Todos somos bisexuales?

La bisexualidad es una identidad, remarca en todo momento la escritora, y la afirmación de "todos somos bisexuales" le saca la carga política a una identidad disidente, porque la norma continúa siendo ser heterosexual. Ahora bien, señala que no se tiene que caer en la trampa de vincular una identidad con una práctica.

"No tenemos que hacer distinción entre las bisexuales de verdad y las de mentira"

"No tenemos que hacer distinción entre las bisexuales de verdad y las de mentira, las que nos han demostrado que lo son y las que no", alerta. Si se juega a este juego de bisexual buena o mala, para Coll se vuelve a caer en la misma desconfianza y acusación que hay respecto a las personas bisexuales por parte de la heterosexualidad y la homosexualidad. Es por eso que, si una persona tiene curiosidad para tener relaciones sexoafectivas con personas de su mismo género, no tiene que ser nada negativo si esto se verbaliza previamente y tiene el consentimiento de la persona con la que mantendrá la relación.

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